28 de enero de 2013
21 de enero de 2013
It's monday night, It's what I do.
Es lunes por la noche y a mi me da por pensar. Dentro de poco se convertirá en rutina.
Solo me pasa los lunes, ¿habrá que empezar de alguna forma la semana no?
Paseo por la calles oscuras de Madrid. Hace ya varias horas que apagaron las farolas, pero por mucho que lo intenten, la electricidad que se ahorra en estas horas no valdrá para pagar las deudas de esta país al menos en 25 años. Apenas dejan un par encendidas por calle, las justas, y el índice de criminalidad ha subido. ¿Qué espera el mundo, si la mitad de la población está rozando la miseria? A mi, me podrían confundir con cualquier mendigo o ladrón, con este viejo abrigo raído, sombrero roto y barba de al menos un par de semanas. Unos muchachos beben en un banco vino barato en un cartón. Les pido con educación un poco, un sorbo. Ellos me lo vierten en la cara. ¿Se llevo la crisis también la educación? Me encuentro con la respuesta tres minutos mas tarde, cuando una muchacha joven pasa delante del banco y se rifan para agarrarla y jugar con ella. Media hora mas tarde, después de humillarla a su antojo, le dejan marcharse, con lágrimas, a casa. Uno de ellos propone ir a visitar Montera. No pasan mas de tres minutos antes de que los tres se pongan en marcha.
Ellas no les entenderán, pero ellos las harán entender. Ellas sabrán. ¿Y a quién le importa?
A nadie. Porque no queda nadie que piense.
Solo me pasa los lunes, ¿habrá que empezar de alguna forma la semana no?
Paseo por la calles oscuras de Madrid. Hace ya varias horas que apagaron las farolas, pero por mucho que lo intenten, la electricidad que se ahorra en estas horas no valdrá para pagar las deudas de esta país al menos en 25 años. Apenas dejan un par encendidas por calle, las justas, y el índice de criminalidad ha subido. ¿Qué espera el mundo, si la mitad de la población está rozando la miseria? A mi, me podrían confundir con cualquier mendigo o ladrón, con este viejo abrigo raído, sombrero roto y barba de al menos un par de semanas. Unos muchachos beben en un banco vino barato en un cartón. Les pido con educación un poco, un sorbo. Ellos me lo vierten en la cara. ¿Se llevo la crisis también la educación? Me encuentro con la respuesta tres minutos mas tarde, cuando una muchacha joven pasa delante del banco y se rifan para agarrarla y jugar con ella. Media hora mas tarde, después de humillarla a su antojo, le dejan marcharse, con lágrimas, a casa. Uno de ellos propone ir a visitar Montera. No pasan mas de tres minutos antes de que los tres se pongan en marcha.
Ellas no les entenderán, pero ellos las harán entender. Ellas sabrán. ¿Y a quién le importa?
A nadie. Porque no queda nadie que piense.
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