29 de abril de 2010
Me han robado el corazón.
No no ha sido un chico. Ni una chica.
Literalmente, me lo han robado.
No lo encuentro, pero eso no es lo peor.
Lo peor es que, como habréis deducido,
no siento nada.
No lo he perdido, es algo que no se pierde
tan fácilmente, en todo caso habría perdido
la cabeza, pero no es el caso.
Me han robado mi corazón.
Isla.
28 de abril de 2010
El sol se cuela por debajo de mis pestañas y hace mis ojos más claros.
Recuerdo entonces cuando tu decías que se parecían a la miel.
Y que yo era mejor, dulce cuando había que serlo, y seria también.
Siempre me llamabas honey, con ese extraño acento tuyo que me encanta.
Pero nunca te olvidabas de añadir que mi sonrisa era lo que más te gustaba.
Que cuando por las mañanas te besaba y sonreía, sentías que el día comenzaba bien.
Pues bien, solo venía a preguntarte qué ha sido de todo aquello.
También porqué yo sigo aquí y tu no. Cuál es la razon por la que yo no se olvidar
y a ti se te da tan bien.
Estallo si pienso que no vamos a recordar juntos todo, ya sabes que soy una chica
melancólica y nostálgica. Pero me da igual.
Mis oidos por las mañanas siguen esperando los acordes de tu guitarra para despertarse.
Mis ojos buscan los tuyos para perderse un rato cada minuto.
Mis manos echan de menos tu piel suave y tu pelo.
Mi nariz quiere volver a encontrar tu olor en las sábanas.
Y mi boca, mi boca solo pide a gritos robarte a besos miles de sonrisas.
Isla.
23 de abril de 2010
Ni siquiera escribir, ni fotorafíar.
Tampoco darle al play. Solo dejas que se
sucedan las dos canciones de tu amor inventado.
Sigues imaginando, y pensándolo bien, te gusta más así.
Todo lo decides tu: por dónde ir, que dirá,
en qué momento os besareis. Todo.
En algún momento, recordarás una retazo
de poema:
¿Qué es la vida? Un frenesí.
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño;
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.
Pero seguirás imaginando,
soñando tu vida.
Isla.
19 de abril de 2010
Malva se secó los ojos y comenzó a recoger su ropa.
Él se quedo sentado en la cama con la cabeza entre las manos.
No habló mientras ella se ponía despacio la camiseta gris de tirantes.
Ni cuando recogía el sujetador de encaje rojo y lo metía sin cuidado
con una mezcla de rabia y cansancio en su bolso .
Paro un momento y le miró de manera interrogante
¿Por qué?
El se frotó los ojos rojos y secó las lágrimas.
Malva cogió aire y reprimió las ganas de llorar.
Arrastró los pies por el pasillo en el que tantas veces lo habían
hecho, apoyados contra la pared, y pensó que sería de las últimas
veces que pasaría por alli.
Le invadió otra ola de tristeza.
Al llegar a la puerta, giró el pomo lentamente y salió.
Él la habia seguido sin hacer ruido y ahora la miraba de frente,
mordiéndose el labio inferior para evitar que su cara
se descompusiera en llanto.
Ella, que nunca iba sin arreglar, siempre tan coqueta con un par de toques
especiales.
Ella, que nunca borraba la sonrisa traviesa y no se cansaba con frecuencia.
Ella, de vitalidad constante.
Ella.
Ahora de pie, sin maquillaje y los ojos hinchados que reflejaban un dolor inesperado
le miraba directamente a los ojos. No tenía ganas de insultarle ni de gritarle, como harían
muchas personas en su situación.
Solo de olvidarlo todo. De relajarse y no pensar en nada.
Así que se giró y sin una palabra, se fue andado silenciosamente.
Nada estaba dicho pero todo se sabía.
Ella pensó que quizás no hacía falta expresarse con palabras inecesarias.
Él la conocía bien y sabía de sobra como se sentía, sabía todo lo que había causado.
Así decidió no olvidar nada, pero tampoco tener rencor. Malva no era una chica rencorosa.
Era buena. Y quiso mantenerse un tiempo alejada de él. Pero supo en cuanto pasó aquello
que ya no podría quererle nunca más. Así que no le costó volver a verle, ni entablar otra conversación
con él, ni tratarle como un amigo. No se veían tanto, pero por lo menos mantenían el contacto.
Después de todo lo que vivieron en compañía del otro, nada merecía mas la pena que seguir
conversando y compartiendo cosas. A pesar de todo lo malo.
Malva quiso seguir siendo feliz. No permitió que aquello le bajara los ánimos.
Pronto volvió con su vitalidad, su sonrisa constante (aunque no evitaba la sensación
de necesidad de que alguien la llenara de nuevo) y sus pequeñas características propias.
Volvió retomar el hábito de pintarse las uñas de color cereza, que para ella constituía el color verano.
Y a recogerse los bonitos rizos castaños en un moño con algunos mechones sueltos, y como le decía su amiga de los lunares, parecer una diosa griega.
Sacó sus prendas vaporosas del armario de verano y se las probó. Los libros antiguos. Las colecciones de flores secas que metía entre las páginas de libros gordos. Las fotografías viejas.
Sacó también la agenda y repasó mentalmente a todos sus amigos. LLamó algunos de ellos, solo para saber cómo les trataba el tiempo.
Empleó en ello todo el tiempo que antes no había podido, que antes había dedicado a Él.
Volvía a ser una chica libre, podía salir cuando quisiera y fotografiar nubes y pájaros.
No tenía que preocuparse en pasar por casa en todo el día, ni se perdía en los ojos de nadie durante horas.
Eran ella y su vida. La una para la otra, todo el tiempo que quisieran.
Una mañana del principio del otoño, Malva se sentó en un banco del metro sin prestar demasiada atención a su alrededor. Estaba enfrasacada en su libro y no se dió cuenta de que el pequeño gorrito se le había caido al suelo.
- Perdona, se te ha caído ...
Le indicó un chico moreno, recogiéndolo y alcanzándoselo. Ella, sin levantar a penas la mirada de las líneas de su libro se lo agradeció y volvió su lectura.
- Disculpa de nuevo, pero ¿ puedo sentarme?
Era el mismo chico. Esta vez ella le prestó mas atención. Su voz era cálida y con un ligero acento del sur de América. Tenía unos ojos negros profundos y su pelo alborotado estaba bajo una gorra morada quizá demasiado grande para su cabeza.
Ella asintió con amabilidad y su acostumbrada sonrisa e hizo cómo que volvía a la lectura.
En realidad, observaba con atención los rasgos del chico que ahora estaba sentado a escasos centímetros de ella. Él también había abierto un libro y lo leía con atención.
Malva intentó leer, pero estaba en francés.
Él se dió cuenta y sonrió. Toda su piel morena tersa dejó paso a una sonrisa.
- ¿ Sabes francés?
Ella, sorprendida, contesto que no y se le escapó una sonrisa nerviosa.
Él la observaba. Fue entonces cuando Malva se dió cuenta de aquel aroma a canela.
Venía de él, y no era exagerado. Solo un ligero aroma mezclado con su colonia.
Y otra vez su sonrisa blanca y simpática.
- ¿Como te llamas?
- Malva
- ¿ Eres francés?- Malva meditó algun tiempo antes de hacer la pregunta y aunque no lo creía, le pareció un buen modo de entablar conversación.
Él soltó una carcajada y cerró el libro, dejándolo a un lado. Después se giró y comenzó a explicarle que él era de Venezuela y que acababa de llegar al país. Había venido a estudiar. Todo acompañado de sonrisas,justo como a Malva le gustaba. LLegó el metro y él se marcho. Ella se escusó diciendo que esperaba a una amiga. Se despidieron y quedaron en saludarse el próximo día.
Malva le miró a través de la ventanilla y el sacudió la mano ligeramente en como señal de despedida.
Luego, ella volvió a la lectura. Pero algo a su lado, donde se había sentado él, le llamó la atención. Era el libro en francés. Él lo había apartado al hablar con ella y luego por la prisa, lo había olvidado.
Recordó que se le había olvidado preguntarle su nombre. Recogió el pequeño libro y sin saber porqué lo acercó a su cara. Aroma a canela. Malva sonrió.
Él mientras tanto pensaba en aquella chica interesante y agradable como " la chica de las uñas color cereza".
Nunca se le habían dado bien los nombres.
Isla.
13 de abril de 2010
Ahora, Leo sabe lo que quiere.
O quizás sabe lo que no quiere, pero con eso le basta.
Deja pasar los días sin interés,
no piensa en nada importante,
solo se deja llevar.
Pero no como antes,
que se dejaba llevar por él.
Ahora solo se limita a hacer lo que le apetece.
Comer aunque luego se sienta mal,
reirse, o estar callada y no obligarse a hablar.
Se cuida y se mima, se pone color en las pestañas
y a vece incluso finge sonrisas, pero solo
por no oir las preguntas de los demás.
Piensa en Rain a menudo, y en su relación ahora.
Él sigue yendo a verla bailar, pero cree que ella no lo sabe
porque se esconde al fondo de la sala, donde la oscuridad
no deja ver bien.
Pero a ella no se le escapan esos ojos,
ni esa sonrisa amable que él dirige a la camarera.
No tiene derecho a estar celosa, pero no puede evitarlo
a pesar de que esté convencida de que no le quiere.
Todas las canciones del recuerdan a él.
Y se alegra de que Rain vuelva a lucir sonrisas
aunque no sean como antes.
Leo sigue sintiéndose vacía, y maldice esa sensación.
No tener alguien a quien querer no quiere decir que la vida no signifique nada,
suele pensar a menudo.
Y se acuerda de cuando no conocía a Rain, se sentía feliz y no necesitaba
nada ni nadie más.
Pero luego llegó él, y lo cambió todo: su forma de pensar, de percibir las cosas, de reir,
de hablar, su forma de tratar a la gente ...
Aquel día decide solo bailar en la primera representación.
Luego se ducha y se pone guapa.
Algunos minutosmas tarde, da un par de golpecitos al hombro de Rain, que la busca en el escenario.
Él se gira soprendido. Inesperadamente, gira la cabeza y vuelve lucir su sonria traviesa.
Se levanta y se dan dos besos, dos besos largos y extraños; como si fuera dificil mantener las distancias ahora.
Él la invita a sentarse con él, ella le pide ir cualquier otro sitio.
Rain vuelve a estar serio, su muro del olvido se va derrumbando lentamente mientras respira su perfume
¿Para que necesito pulmones si no puedo respirarte?
Se da cuenta de que todavía no la ha olvidado, Leo sigue siendo su vicio preferido.
Ella, nerviosa, no sabe de que hablar ni a donde llevarle.
Acaban en aquel parque que una vez fue su rincón favorito de Madrid, el refugio de los amantes.
Ella apoya su cabeza contra las piernas de Rain, como si fueran viejos amigos.
Escuchan música y siguen contando estrellas.
- Leo, yo ...
Pero Rain no sigue hablando. Leo tampoco pregunta. Él maldice no econtrar las palabras adecuadas.
Isla.
Foto:http://www.lapalmaturismo.com/turismo/img/mar_intro1.jpg
Escucha.
Es el sonido del mar, ya estamos cerca.
¿Por fin lograré verlo?
Aceleré el ritmo, intentando olvidarme de las gotas de sudor que se abalanzaban por mi frente y de las ampollas que empezaban a explotarse en mis pies desnudos.
Pensaba en lo que hacía tiempo me contó Yaravanee.
El mar es un manto que varía de color; verde esmeralda, azul cristalino, azul oscuro...
Y todo normalmente acompañado de alguna ola atrevida y espuma blanca y suave.
Por eso era el sitio ideal para guardar secretos. Yaravanee me había contado como hacerlo, pero yo apenas lo recordaba. También me había respondido secantemete a mis preguntas y se había burlado de que no supiera nadar. ¿ Como se puede aprender a nadar en medio del desierto?
Él interrumpio todas mis cavilaciones:
Eh,¿estas viendo lo que yo?
Levanté la mirada apresuradamente y todo el brillo del oceáno se reflejó en mis pupilas.
Me quedé sin palabras, en blanco. No hice gesto alguno y pensé que toda la belleza que Yaravanee me había descrito quedaba pequeña ante tal inmensidad.
Algunos minutos más tarde me encontré corriendo hacia la playa, sin tener consciencia movía las piernas más velozmente que nunca. Le oí llamándome, pero no paré. Tiré el saco a un lado en cuanto la arena fina empezó a colarse entre mis dedos. Mientras me acercaba a la orilla, gritaba cosas sin sentido, lloraba y entendí porqué no conocí a mi padre, él amaba el mar y no pudo separarse de algo tan bello.
Salté las olas y comenzé a entrar. hasta que noté el agua subir hast mi cuello.
Mi vestido morado y roído flotaba y se hinchaba con el agua.
Contuve la respiración y sumergí mi cabeza también. Le conté todos mis secretos al mar. Deseaba que Yaravanee me pudiera ver y se tragara sus bromas. Después de este último pensamiento perdí el conocimiento.
Desperté unos minutos mas tarde, él me contó que me había salvado antes de ahogarme.
Pero yo no podía escuchar, solo me preguntaba cual sería el próximo sueño que quería cumplir.
Isla.
10 de abril de 2010
9 de abril de 2010
Monotonía se pasea por mis días.
Aplasta mis tardes bajo melancolía.
Monotonía se pasea por mis días.
Deja atras los días que sonreía.
Monotonía se pasea por mis días.
Hace que me sienta más sola, fría.
Monotonía se pasea por mis días.
Ahora eres lo único que me queda, amiga mía.
Pensar a veces que no hay nada, que son solo cicatrices.
Aph.
Isla.
Aplasta mis tardes bajo melancolía.
Monotonía se pasea por mis días.
Deja atras los días que sonreía.
Monotonía se pasea por mis días.
Hace que me sienta más sola, fría.
Monotonía se pasea por mis días.
Ahora eres lo único que me queda, amiga mía.
Pensar a veces que no hay nada, que son solo cicatrices.
Aph.
Isla.
7 de abril de 2010
¿Qué quién soy?
No lo sé,
pero no me paro a pensarlo.
Algunos hablan de mi como la chica despeinada,
o como a chica a la que encanta que el viento le revuelva el pelo,
o la chica que intenta hacerse la fuerte,
o la chica que adora mirar el sol reflejado en las ventanas,
también como la chica indecisa,
o la chica que necesita saber que tiene alguien en quien apollarse,
o la chica que baila cuando el semáforo esta en rojo,
o la chica que necesita lo que no le conviene,
incuso como la chica que se pone triste cuando las cosas se acaban.
Así, llegué a una conclusión:
o soy muchas cosas o no soy nada.
Y no me gusta limitarme.
Isla.
No lo sé,
pero no me paro a pensarlo.
Algunos hablan de mi como la chica despeinada,
o como a chica a la que encanta que el viento le revuelva el pelo,
o la chica que intenta hacerse la fuerte,
o la chica que adora mirar el sol reflejado en las ventanas,
también como la chica indecisa,
o la chica que necesita saber que tiene alguien en quien apollarse,
o la chica que baila cuando el semáforo esta en rojo,
o la chica que necesita lo que no le conviene,
incuso como la chica que se pone triste cuando las cosas se acaban.
Así, llegué a una conclusión:
o soy muchas cosas o no soy nada.
Y no me gusta limitarme.
Isla.
6 de abril de 2010
Despues de algunos cócteles de más y una noche llena de placeres, se acostarán casi al amanecer y dormirán plácidamente durante algun tiempo.
Algo más tarde, ellauno se despertará sin saber por qué.
Abrirá los ojos lenta y perezosamente; y se encontrará con la cara más bonita que pudiera querer encontrarse. Sonreirá como acto reflejo y hasta entonces no se dará cuenta de que el brazo de ellados sigue rodeando su cintura.
Después de algún tiempo acariciando los lunares que tan bien ha conocido esa noche, se escabulle y deshace con mimo y cuidado del abrazo.
Mirará con desprecio el reloj, maldiciendo cada uno de los minutos que le habrá robado por la noche y se dirigirá de puntillas a la cocina.
Se asomará al balcón y mientras fume su típico cigarrillo matinal, cortará de un tiesto el tulipán más bonito.
Cuando regrese a la habitación, besará en la frente con cariño a ellados y dejará el tulipán en frente, esperando que sea lo primero que ellauno vea y así, poder robarle otra mirada impresionada y una sonrisa traviesa más.
Isla.
5 de abril de 2010
Corazón de cemento.
Decidió dejar de amar,
de sentir, de añorar.
Se prometió no volver a llorar,
aunque dejar de sonreir tuviera que implicar.
Prometió no recordar,
todo lo que vivía al segundo borrar
y constantemente olvidar.
Quiso volverse automática,
no pensar,
no reaccionar,
ni sensaciones exteriorizar.
Fue debil, eligió no sufrir
y así tambien dejó de reir.
Nada importa más que sobrevivir.
Nada es frío, nada es caliente,
ella eligió y ahora no siente.
No continuó su camino,
dejó que la buscara el destino.
Anda por campos, pero no ve colores,
no siente el tacto de las flores
ni sus olores.
No son solo rumores,
murió sin amores,
sin errores y ahora
solo le quedan horrores.
La suerte existe, pero en otra parte.
Son ganas de todo lo que no me conviene.
Isla.
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