'ella es mi chica, y es una mujer de verdad'. Quería que Don se volviera
loco por sus caderas y que no pudiera resistir mirar de reojo aquellas piernas
que no solo eran de hueso, aquellas entre las que él estaría algunas horas más tarde.
Pero mientras aquello no ocurriera, y Don siguiera comiéndose con los ojos a
la chica de la esquina con los labios rojos, la sonrisa grande y huesos marcados,
Sena seguirá preguntándose sinsentidos durante horas delante de un espejo.