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29 de octubre de 2010
Puedes levantarte por la mañana y hundirte en la mierda.
Puedes levantarte y volver a acostarte, taparte hasta la cabeza y no salir de tu escondite en una semana.
Puedes levantarte y pensar en si el/ella estara despierto ya, y si deberias esperar algo mas para llamarle.
Puedes levantarte y desayunar.
Puedes levantarte y ducharte.
Puedes levantarte llorando y no parar las lagrimas.
Puedes levantarte tras un sueño extraño que no recuerdas, y sentirte incomoda.
Puedes levantarte y mirar al amario abierto de par en par durante horas.
Puedes levantarte, mirar por la ventana y sonreir.
Puedes levantarte y escuchar musica durante todo el dia, bailar un rato, cantar sin miedo a desafinar, porque nadie va a escucharte.
O pueden llamarte, levantarte y decirte que tu hermano acaba de morir en un accidente. Entonces si que te caes, y no te levantas.
27 de agosto de 2010
Explotar globos llenos de pintura.
De entre todas las cosas del mundo, aquella era la que más le gustaba hacer a Helena.
Y Teo lo sabía perfectamente.
Así que, ¿qué mejor regalo de cumpleaños que toda una habitación con globos de pintura?
Una habitacion blanca, completamente, para pintar a sus anchas.
Para dar color un poco a los ánimos de Helena, que andaban en cachitos desde que su hermano murió.
Había decidido también invitar a Ginevra porque desde aquel accidente provocado, se habían hecho inseparables.
La hermana de Pablo, y su amante, olvidándose un día del dolor. Sonaba bien.
Y cuando aquellas dos chicas tristes entraron en la habitacion y se dieron cuenta
de lo que Teo estaba haciendo por ellas, le comieron a besos y le mataron a cosquillas.
Y luego, le pintaron entero acorde con la habitación.
Cuando anocheció, borrachas de alegría, atrancaron la puerta con unos trozos de madera para
que la tristeza no pudiera entrar mientras dormían y soñaron durante todo el tiempo que quisieron.
Cuando, bien entrada la mañana, salieron a la calle, ya nada les parecía tan gris. Sus pupilas seguían manchadas de todos los colores del arcoiris. Y ninguno lloró para limpiarlas.
ISLA.lostisland.
De entre todas las cosas del mundo, aquella era la que más le gustaba hacer a Helena.
Y Teo lo sabía perfectamente.
Así que, ¿qué mejor regalo de cumpleaños que toda una habitación con globos de pintura?
Una habitacion blanca, completamente, para pintar a sus anchas.
Para dar color un poco a los ánimos de Helena, que andaban en cachitos desde que su hermano murió.
Había decidido también invitar a Ginevra porque desde aquel accidente provocado, se habían hecho inseparables.
La hermana de Pablo, y su amante, olvidándose un día del dolor. Sonaba bien.
Y cuando aquellas dos chicas tristes entraron en la habitacion y se dieron cuenta
de lo que Teo estaba haciendo por ellas, le comieron a besos y le mataron a cosquillas.
Y luego, le pintaron entero acorde con la habitación.
Cuando anocheció, borrachas de alegría, atrancaron la puerta con unos trozos de madera para
que la tristeza no pudiera entrar mientras dormían y soñaron durante todo el tiempo que quisieron.
Cuando, bien entrada la mañana, salieron a la calle, ya nada les parecía tan gris. Sus pupilas seguían manchadas de todos los colores del arcoiris. Y ninguno lloró para limpiarlas.
ISLA.lostisland.
11 de febrero de 2010
Helena se despertó aquel día con ganas de más.
Se enrolló en la sábana y dejó a Teo durmiendo.
Salió de puntilla y sigilosamentede la habitación, pero no antes de haber mirado de nuevo su figura desnuda y esbelta que contrastaba con el rojo de las sábanas.
Despues de calentar en un pequeño y viejo microondas, entreabrió despacito la puerta de cristal que daba a la terraza y se coló, sintiendo de repente como el frío traspasaba la sábana.
Apolló los codos en la barandilla mientras sostenía la taza caliente entre las manos y la sabana descendió hasta su cintura, dejando a la vista de cintura para arriba.
Aun así, Helena lo dejó pasar y recordó la noche anterior a la vez que veía al sol aparecer entre nubes rosas. Se le pasó el tiempo recordando el tacto de los labios te Teo al besarla primero en los labios, luego en el cuelo, y bajando. Y cómo sus manos grandes, pero no por ello menos ágiles, sabían justo dónde tocar para hacerla estremecer. Pero lo mejor era que todo aquello iba acompañado de sus risas, de cosquillas y caricias que tenían lo mismo de ternura como de lujuria.
Siguió contemplando las nubes sin notar que el tiempo pasaba. Las nubes y el cielo, siempre su paisaje preferido. Y no, ella no era ninguna cursi. Pero mirar el final de el cielo y no encontrarlo, la perdía.
A pesar de estar distraida, no se sobresalto cuando le sintió a él detras, rodeándola la cadera con las manos, susurrándole al oído y acomodándose en su hombro, apollando su barbilla contra la clavícula de ella, su ya sabido punto débil.
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