31 de enero de 2010

-Venga, entra Leo. No hay nadie y ahí afuera te vas a congelar.

Leo, aún dubitativa, subió los últimos escalones y entró en el portal. Se acercó a él lentamente y callada
y esperaron juntos al ascensor.
Él le abrió la puerta y la dejó pasar primero, pulsando luego el numéro 4.
Un ascensor muy estrecho. Chico y chica, más bien desconocidos.
Leo estaba incómoda, pero en el fondo, le encantaba estar allí. Tan cerca de Rain.
Podía olerle y sentir su respiracion sobre su hombro.
Siempre que ella lanzaba alguna mirada furtiva al espejo para ver que hacía él, le pillaba mirándola.
Él se limitaba a sonreir con descaro y seguir posando sus ojos color miel en su hombro desnudo.

Clin. Leo abrió la puerta del ascensor y él metió una pequeña llave en la cerradura de la letra C.
Ella le siguió por el ancho y luminoso pasillo. A pesar de ser un cuarto, el piso tenía mucha luz. Justo como ella se imaginaba su futura casa. El pasillo tenía forma de u y las habitaciones, unas grandes y otras pequeñas, se sucedían al recorrerlo.

Rain le ofreció algo de comer al pasar por la cocina, pero ella negó con la cabeza mientras obseravaba las vistas de la ciudad por el ventanal del salón.

-Esta es mi habitación - dijo él, abriendo una puerta que daba a una habitacion no muy grande pero si acogedora. En una esquina, una cama grande y más bien cuadrada. La ventana abierta y algunos pufs y sillones alrededor de una pequeña mesilla de té. Pero sin duda alguna, lo primero que llamaba la atención al entrar era aquel gran aparato de música apollado en el suelo, que tenía dos grandes altavoces. Al lado, una estantería llena de discos. No le costó adivinar que una de las pasiones de Rain era la música.
"Todo tipo de música" advirtió ella al ojear los discos.

Él mientras, metía el uniforme en una bolsa de deporte.

Ella se sentó en la cama mientras observaba a Rain buscando un disco.
Entonces una trompeta y algo parecido a jazz empezó a sonar a bajo volumen.
Él se sentó junto a Leo en la cama y se apolló en la pared.
Ella siguió sentada en el borde, escuchando simplemente la música.
Rain comenzó a acariciarle la espalda, jugeteando con el pelo suelto que caía por ella.
Leo se giró queriendo sonreirle, pero se encontró con su cara a escasos centímetros
de la suya. Sentía su respiración en la nuca. Leo se giró hacia él lentamente, pero él no dejaba de acariciar su espalda.
Leo, sin ser muy consciente y saber por qué, apoyó la mano en su cuello y le besó dulcemente la frente
Luego la nariz. Y cada uno de los ojos. Suavemente el cuello. Y después de aquel interminable momento le miró a los ojos, juntando nariz con nariz y frente.
Y le tocó el turno a Rain. Ella no pensaba acercase más. Había roto su barrera de timidez durante unos pocos segundos; pero se volvía a reconstruir poco a poco.
Rain, dándose cuenta, pero no por ello actuando con rapidez, bajó hasta su cuello y escondido entre el pelo de ella la besó repetidament en el cuello en el hombro. Luego subió por la barbilla y se encontró, como por casualidad, con los labios pacientes de Leo.
Sin apartar la boca, los rozó con el dedo índice. Lo hizo con mucho cuidado como si se pudieran romper.
Despues besó lenta y suavemente la comisura, el labio de abajo y el labio de arriba. Leo le dejaba hacer, pero entreabrió un poco la boca, cerrando los ojos e intentando jugar con los labios de él.
Rain no pudo evitar sonreir e intentó alargar al máximo aquel momento, y grabarlo bien en su memoria.
No sabía cúantas veces lo recordaría en el futuro.





Isla

29 de enero de 2010


Te vistes de turista y sales a la calle.
Tú, con tu gorrito beige, tu pelo cayendo cual casacada por la espalda
y un abrigo hasta la rodilla marrón clarito.
Llevas colgada del cuello la cámara y unas Ray ban para esconder
tus ojos con ansia de ver, vivir y descubrir.
Sales del portal, moviendo ligeramente la cadera, sintiéndote
una verdadera actriz.
Entras en el metro y te diriges al centro de la ciudad.
Oh si, allí donde están todos los monumentos junto a los que
se encuentran todos los guiris.
Llegas y en un retrovisor de un ferrari brillante te repasas el rojo de los labios.
Por la calle te cruzas con tres chicos rubios, ojazos azules pero no muy agraciados.
"¿Alemanes? ¿Holandeses?" te preguntas tu, mientras una sonrisa traviesa se escapa de tu boca.
Ellos la perciben y giran la cabeza para mirarte el pasar.
Más adelante, un grupo de chicos mulatos te piropean mientras tú, orgullosa,
sigues caminando recto, sin siquiera mirarles, pero no por ello sin dejar de saber
que van dirigidos a tí.

Llegas a casa cansada, pero feliz, después de un día continuo paseando
fotografiando y luciéndote.
Y allí piensas en silencio y con sinceridad en cuánto nos gusta que nos miren
y sentirnos atractivas.
Y también piensas en ellos, que caminan por países desconocidos,
buscando ya en cualquier esquina alguien que les de un poco más.
Algo parecido al amor, otros solo buscan pasión,  hay gente que se
limita a querer encontrar un buen amigo. Pero algo nuevo.
Eso siempre.
Y descubrir qué les hace diferentes y nos gusta tanto.


Islasinimaginación.

27 de enero de 2010


Tras la expedición, montamos en los camiones y volvimos al internado.
Mark, a mi lado, estaba extremadamente silencioso.
Sentado en aquel trozo madera, apoyaba los codos en las rodillas mientras se sujetaba la cabeza, mirando el suelo. Se rifle descansaba en el suelo, ahora sin ninguna munición.
En cuanto se abrieron las puertas bajó del camión de un salto y se dirigió tambaleante hasta el edificio.
Mientras caminaba observé que su pelo, siempre perfectamente peinado, estaba empapado por el sudor y la nieve y se ablanzaba desordenado sobre la frente casi tapando sus ojos.
Desapareció y no vino a cenar. Cuando volví a la habitación a buscarle por orden de los profesores, tampoco le encontré.
Entonces, oí unos sollozos ahogados detras de la puerta del baño. La abrí sin ningún cuidado y le hallé senatado encima de la tapa bajada del váter. Al mirarme, sus ojos azul  intenso se posaron duramente en mí, haciéndome sentir incómodo. Estaban rojos. Todo lo que antes había sido el globo ocular, blanco como la nieve bajo la que acabábamos de estar, se había llenado de pequeñas venas explotadas y junto con las lágrimas que parecían nublarle la vista, ofrecía un aspecto penoso.
Todas las medallas y estrellas cosidas en su chaqueta estaban ahora arrancadas y tiradas por el suelo.
Su pelo tenía una aspecto todavía más desordenado que el de antres y los labios le temblaban, y aún quedaban restos de mucosa debajo de su pequeña nariz.

-Me mandan a por tí para que bajes a cenar. - expliqué sin moverme del marco de la puerta.

-No voy a ir. Diles que me encuentro mal. - argumentó él, ahora con la cabeza apollada en la pared y sin siquiera mirarme, y las rodillas temblándole de rabia e impotencia.

-Mark ... -intenté convencerle apoyándome sobre su  hombro.

Él me separó con un brusco movimiento que me hizo perder el equilibrio durante algunos segundos.
Mark, siempre habiendo sido de complexión física pequeña y escuálida, nunca había expresado rabia, impotencia, angustia y en rara ocasión desacuerdo.
Sin embargo, ahora todos estos sentimientos mezclados con verguenza, pena y asco se arremolinaban y salían a borbotones como lágrimas de los ojos de mi amigo.

-No puedo más ... - me espetó entre sollozos.- No me mires así ¿vale? ¡¿Te has dado cuenta de lo que hemos hecho ahí fuera?!

Mark empezó a gritarme y se levantó en un momento, poniéndo su frente enfrente de la mía, y así dejándome ver su rostro atormentado. Señaló con el brazo más allá de la ventana.

-¡¿Sabes lo que acabamos de hacer?! - siguió gritándome. - Hemos matado a unos niños, niños presos sin ninguna razón concreta, sin ningún tipo de defensa ... ¿Y como hemos actuado nada más verles?¡Disparándolos! ¡Masacrándolos!
-Y me da igual, ¡ME DA IGUAL! que penséis que soy débil o demasiado sensible ... joder... - añadió Mark  con la voz entrecortada.- Ne-necesito irme de este sitio de mierda dónde no pensamos ... Solo actuamos, solo acatamos órdenes ... Este sitio de mierda...

Y en el mismo instante en que dejó de hablar y me miró de aquella forma atormentada, supe que se iba a ir y que no iba a volverle a ver. Por lo menos, no dentro de aquel inmenso edificio dónde nos habíamos conocido. Y deseé con todas mis fuerzas, por todas las victorias, trofeos y honores que había conseguido en aquellos torneos de boxeo que en aquellos tiempos eran lo más importante para mí, poder escaparme con él.
Y tranquilizar y acompañar durante mucho tiempo a aquellos ojos de un color azul gélido que estaban colocados en su cabeza fina y alargada tras la que se escondía un cerebro capaz de razonar doce mil veces mejor  y con más humanidad que el de los demás que estábamos allí.

Isla.

25 de enero de 2010



"Ey Leo... ¿puedo pasar algún día de esta semana recogerte a la academia?"

Leo recordaba aquella frase cada día al salir de la escuela de baile y miraba por el rabillo del ojo, escuchando música, a todos los rincones de la calle.
Era ya miércoles, y todavía no sabía nada de él.
Pasaron dos días más y Leo desistió pensando que quizás no tendría tiempo. Se propuso ir a verle a la cafetería al día siguiente despues de acabar las clases, si él no había pasado por allí hasta entonces.

La tarde siguiente, Leo salió de la academia pensando ya en cómo iría, ¿paseo o  metro?
Al final se decantó por ir andando, así le daría tiempo a pensar qué decir. Ella, tan inquieta como siempre.
Pero al abrir la puerta, le sorprendió una voz que la llamaba desde la acera de enfrente:
-¡Leo!
Rain cruzó la carretera sin ningún temor a los coches que pasaban sin reparar en él.
-Lo siento por  no haber venido antes, pero es que... te prometo que no he tenido ni un minuto. De hecho, en un rato tengo que ir a trabajar.
- No pasa nada, pensaba ir a verte ahora ... - contestó ella, sin saber como acabar la frase y recogiéndose el pelo en una alta coleta con nerviosismo.
Rain sonrió, con sorpresa:
-¿De verdad? No pensarías que no iba a venir ...- agregó el, queríendola dar un beso en la mejilla que acabó por equivocación en la comisura de los labios de Leo.
Leo se sonrojó y se quedaron un rato en silencio, Rain no sabía que decir.
-Lo siento ...- añadió en un susurro.
Elle le miró a los ojos y soltó una carcajada inesperada.
- No pasa nada, ¿quieres que te acompañe a la cafetería? Te puedo dar conversación durante un ratillo, si quieres.
-Por mí, desde luego que no hay ningún problema. Pero antes tengo que pasar por mi casa ...
- Pues, vámonos ...

Detras del cristal de la cafetería de en frente, las compañeras de clase de Leo acumulaban preguntas para hacerla al día siguiente, mientras observaban con sorpresa como él la daba un empujoncito cariñoso, se reían y luego ella le ofrecía un audífono por el que escucharían un ritmo, melodía o canción que tararearía ella al día siguiente al acordarse de Rain.

22 de enero de 2010


Ella sabe que es mi debilidad, por eso, cuando vuelvo a mirar en su dirección me distrae y me invita a un cigarro y a un paseo sin hablar. Sin hablar, porque no hace falta, porque ella sabe como me siento, y yo que sabe lo que pienso.
No hace falta ni que le mencione que su cabeza morena rapada casi al cero me encanta
que su sonrisa me mata,
que sus movimientos,
como habla,
cómo se gira y se despide,
como se enciende un cigarro.
Qué todo eso me eclipsa.
Seguramente, si hubiera sido otra u otro y no ella, me habría tomado por loca y obsesiva mental.
Pero esque, por eso es ella.
Así que damos una vuelta hasta que esta segura de que mi mente vuelve a estar en orden
que no se me han vuelto a mezclar lágrimas con sentimientos, con recuerdos, sueños, ni nada
de eso.
Y solo cuando me ve con una mirada limpia y clara, volvemos.
Pero claro, un terremoto es un terremoto siempre.
Y tú (él) eres mi terremoto personal.
Quiebras mis barreras, tiras todo por los suelos en mi perfecto orden,
tambaleas cada esquinita de mi cuerpo, se me atraganta el humo y
contraigo los músculos de la cara.
Porque sé que no me vas a mirar, y entonces da igual si voy bizca o con la cara manchada de sangre.
Los terremotos no piensan que árboles destruyen, a cuánta gente matan ni cuántas vidas o casas destrozan.
Por eso, esa es tu mejor definición.
Eres mi terremoto perfecto.


Isla.

20 de enero de 2010

Y si crecer significa perder la esperanza,
o dejar de creer, o resignarse,
o callarse e incluso dejarte llevar por los demás ...
Entonces, entonces yo no pienso crecer.



Isla.

19 de enero de 2010



Mientras esperaba que Rain acabase su turno, Leo bebía con tranquilidad una coca-cola y  tarareaba una canción. Pasadas ya las once, Rain se sentó a su lado y suspiró.
-No puedo más.- dijo, como de costumbre, sonriendo.
-Si quieres te pago la consumición y nos vamos por ahí, yo que sé, a relajarnos un rato... - contestó ella, en un acto de valentía: nunca había propuesto nada a un chico, ni siquiera a una chica, tan de repente.
-Leo, no vas a pagar nada porque es una invitación.Y ... la verdad, después de pasarme toda la tarde aquí no me apetece mucho meterme en un bar; pero si quieres, hay un parquecito a dos manzanas, podemos comprar algo e ir allí a tomarlo.

Se dirigieron en silencio hasta un supermercado cercano, compraron sandwiches, zumos y helado y se acercaron, esta vez hablando más, hasta un parque pequeño y perdido entre calles. Todo estaba en silencio, allí no había nadie. Tranquilidad, aquella que tanto encantaba a los dos.
Se sentaron en un banco y apollaron la cabeza en la pared de a la que estaba sujeto el banco.
Empezaron a charlar y entre estrella y estrella que contaban, Leo empezó a tiritar. Por la noche, había bajado la temperatura, y ella, ingenua, apenas había cogido una camiseta de tirantes. Pero aun así, no dijo nada. No quería que Rain la ofreciera ir a una cafetería, se estaba tan sumamente bien allí ...
-Leo, ¿tienes frío? - acabó preguntando él al cabo de unos minutos, al adivinar que aquel repiqueteo eran sus dientes.
-Bueno, sinceramente, hace un poco de fresco ... - admitió sin moverse ella.

Él acortó la distancia que había entre ellos y se sentó a su lado, le pasó su fina chaqueta por lo hombros y la abrazó, intentando así que ella dejara de tener frío.
Leo no supo reaccionar, simplemente se quedó quieta. Frunció el ceño, manteniendo un semblante algo extraño. Pero, aparte de la oscuridad,  Rain no lo vió porque siguió mirando al cielo, aunque en realidad solo calculaba los centímetros que les separaban.
Se quedaron unrato en aquella postura, sin hablar.
Finalmente, Leo apolló su cabeza en su hombró y escuchó el corazón de él, que de pronto latía fuerte y rápido. Pum-pum, pum-pum ...
Rain percibió su respiración a traves dela camiseta e intentó calmar a su corazón loco y a la carcajada que sin poder controlarlo,  deseaba salir y explotar de una vez en aquella noche de verano.

Isla.

17 de enero de 2010

Los motivos que ahora nos separan, eran antes los que nos juntaban.



Cambias.
Así, de repente, como si de calzoncillos se tratara.
Y te vas, te alejas. No vuelves.
Te limitas a mantenerte alejado con tu "ella".
"Ella" que puede haber hecho muchas cosas por ti,
pero estoy segura de que no mucho más que yo.
Y cuando miro tu sudadera, tu equipamiento y pienso
en nuestros momentos, en tu casa, en el autobus,
en el parque, en la estación, hablando por teléfono
animándote, queríendote, y acosejandote siempre;
pienso que algo hemos hecho mal.
Que no se si te acuerdas pero yo fui la única que creyó
en ti entonces. Pero, claro, últimamente, con tanta fama,
se te olvidan muchas cosas.Entre ellas estoy YO.
Me olvidas y me pierdes entre otros pensamientos turbios.
Que sí, que no te escuses más, muchos problemas os tiene
todo el mundo. Lo único que cambia es con quien decides
compartirlos y a quién decides acudir.

Y es que, te vuelvo a repetir, estas cambiando. Día a día.
Haces cosas que tu moral nunca te habría permitido,
piensas, actúas como cualquier otro. Y yo, yo habría
puesto la mano en el fuego por ti.
Antes, ahora tú has hecho que todo sea diferente.


Islatriste.

16 de enero de 2010

Leo y Rain (II)


Leo estaba sentada en la cama de se habitación. La puerta cerrada y una melodía a bajo volumen.
Ella arrugaba y planchaba con las manos constantemene un trozo de una hoja cuadriculada en el que había escritos nueve dígitos. Un número de teléfono.
No le costó comprender que fue Rain quién, con mucho cuidado, lo había escondido allí. Y ella, solo por casualidad, al quitarse los pantalones lo encontró en el suelo, doblado con mimo.
Aun así, Leo seguía dudando si debía o no llamarle.
Hablar nunca había sido su punto fuerte y no quería quedarse bloqueada al llamarle.
Guardó el número en su movil, fijándose mucho para no equivocarse en ningún número; por si acaso tenía algún día valiente y le daba por llamarle.

Rain no había parado en toda la semana. Recados aquí, compras allá, llamada, trabajo, cena familiar. Aún así, no se había separado ni un minuto del movil: esperaba una llamada con impaciencia.
¿Habrá encontrado el papelito? Quizás se lo debía haber dado en la mano ...
Decidió pasarse algún día por la escuela de baile, para ver si ella no lo llamaba porque no lo había encontrado o porque, simplemente, no quería.
Ahora que ya había dado el primer paso, conocerla y presentarse, solo pensaba en volver a pasar otra y otra tarde con ella, y tener la suficiente confianza para que Leo le contara sus inquitudes, sus verguenzas, que le enseñara sus lunares y le dejara cojer su mano. Perder la timidez rodeando sus caderas, bebiendo cervezas a cualquier hora, susurrarle cosas y apoyar la cabeza en su clavícula, recostándola en el cuello.
Memorizar su número de teléfono, hacerla cosquillas hasta ver mil veces su sonrisa y aprendérsela detalle a detalle.
"Estoy imaginando demasiado,- pensaba a menudo él - ni siquiera ha llamado"


Ella mientras tanto, se mordía las uñas y luego se recostaba.
Regla nº 1 de la vida: no te fíes de quién no conoces. Pero, si había confiado una vez, ¿ porqué no intentarlo una segunda? Realmente, no le había parecido peligroso; más bien, un chico normal, alegre.
Pasaron tres días, y Leo no se había decidido.
Aquella noche, sin poder dormir, Leo salió a escondidas de su casa y se dedicó a andar sin rumbo. Deambuló por lo Plaza Norte y finalmente entró en un café pequeño situado en una esquina de la plaza.
Se sentó en un sofá cerca de una gran ventana y esperó a que apareciera un camarero a quién pedirle algo refrescante para beber. Al poco tiempo, descubrió un cartelito justo en frente suyo:
Por favor, hagan sus pedidos en la barra. Muchas gracias.
Leo, no sin un poco de pereza, se acercó y se sentó en un alto taburete.
-Disculpe..- advirtió al chico que estaba detrás de la barra.
Se giró un chico algo pálido, los ojos color miel denotaban cansancio pero no por ello, dejaba de mostrar una amplia sonrisa servicial. Al mirarse, los dos rieron a la misma vez. Sus ojos ya no denotaban cansancio y brillaban un poco más.
-¿Que desea señorita?
Y otra sonrisa seductora, Leo estaba empezando a acostumbrarse a ella. La sonrisa seductora de Rain que tanto le había gustado.

Isla.

13 de enero de 2010




Cada vez que se subía a un escenario o volvía ensayar, Leo volvía a sentise impotente.


Tenía la sensación de que cada movimiento, vuelta, salto ... Todo parecía demasiado débil o se pasaba de fuerte. No creía causar sensación alguna en el espectador al dar ua actuación. Algunos días tristes, pensaba que aplaudía por pena. " Que les jodan" - pensaba entonces- " No necesito vuestra pena"

Y cuando veía a as demás chicas bailando como si hubieran nacido para ello, se sentía todavía peor.

Se sentía como una gran masa de gelatina que no sabía controlar sus movimientos, y resbalaba y se caía sin poder evitarlo.Para mas inri, gelatina de limón. Un sabor detestoso, ácido y poc agradable.

Aquellos días si volvía a su casa y veía la esbelta figura de su hermana por el pasillo, corría inmediatamente a su habitación y no salía hasta la mañana siguiente, escusandose con un simple "me encuentro mal", con ánimos renovados.

Leo era así de insegura y lo llevaba siendo desde que ella recordaba. Siempre detrás, siempre en un segundo plano.

Solía pensar y autoaconsejarse que debía aprovechar cada día, olvidado lo malo, ya que puede ser diferente y único, pero a veces, sin ganas de ser optimista, no lo aplicaba y se manena alejada y distante, en su mundo.

Leo, que yo sepa, no tenía muchos vicios. A veces comía mucho chocolate, pero podía estar una buena temporada sin probarlo. En algunas ocasiones salía de casa armada con un cuadernito y un bolígrafo y paseano por la ciudad, escribía ideas, historietas pequeñas, críticas, en general cualquier cosa que se le pasara por la cabeza.

Por las noches, abría su pequeño y viejo portátil y escribía todo lo recopilado en un blog que nadie conocía.

Las noches que no podía escribirlo se sentía incómoda, era como su folio de desahogo y todas las cosas malas o tristes que no podía expresar se volvían contra ella de una u otra forma. Por eso las encerraba allí, en un pequeño y acogedor blog en la inmensidad de toda la red.

Su gran vicio, y ese era conocido por la gente que la conocía, era bailar. Disfrutaba bailando, siempre o había hecho y algunos de los mejores momentos que ella recordaba comenzaban así, bailando.

Los peores días que Leo pasaban sucedían cuando,si ton ni son, le daba por sacarsedefectos y compararse con los demás. Normalmente se reprochaba el no haber tenido nunca novio, ni divertirse de la misma forma que sus amigas ... En cuanto a amigas, tenía algunas, pero ninguna demasiado cercana. Normalmente ella vivía sola, no en su mundo pero sí algo apartada de la vida tan social que la mayoría de la gente de su alrededor llevaba.

Pero lo que Leo no sabía era que en cada actuación, sentado en alguna de las butacas pasaba el tiempo viéndola un chico tímido que se hacía llamar Rain.

Rain era un chico más bién pálido, con el cabello castaño claro y ojos color miel. No destacaba mucho por su físico, si bien, nunca lo había pretendido. Lo único que a Rain le volvía loco era la música. Bueno, y también Leo.

Iba a todas las actuaciones de Leo que podía, todas las que su salario de camarero le permitían.

Pero todo esto ella no lo sabía y Rain no tenía, por el momento, ninguna intención de decírselo; su carácter tímido y algo cerrado se lo impedía.

Así pues, Leo seguía con el corazón triste y escribiendo historietas que siempre había deseado vivir ella.

Claro que tenía algún pretendiente, y de vez en cando recibía un menje cariñoso. Incluso, tiempo atrás, había recibido una carta de amor muy bonita. Sin embargo, raras veces se había atrevido a acudir a alguna cita y esas excepciones siempre habían sido catastróficas, lo que más tarde influenció para declinar y rechazar las siguientes propuestas de salir por parte de otros chicos.

Así que perdía las esperanzas cada ve que veía una parejita por el parque o en cualquier banco, tras lo cual se refugiaba de nuevo en otra clase o ensayo de baile.

Una noche, despues de acabar la actuación, Leo fue a su casa apresurádamente como consecuencia del frío. Solo le apetecía meterse en la cama y taparse hasta la cabeza con el edredón, otro día catatrófico.

Ella iba vestida con un largo jersey de lana y una larga bufanda naranja a juego con un pequeño gorrito que la protegía del frío.

Rain decidió seguirla.

Mientras bajaba las escaleras hacia el andén del metro, unos chicos de su misma edad pasaron a su lado sin reparar en su presencia.

"Ójala se fijara alguien por una vez en una persona no por su físico, sino porque siplemente le gusta algo de esa persona, su forma de andar, su presencia, sus movimientos de cabeza al seguir el ritmo de una canción ..."

Sus deseos de fueron desvaneciendo al salir de nuevo a la calle, congelados por el frío.

Algunos minutos después empujaba la pesada puerta de su portal sin darse cuenta de que durante todo el trayecto un chico la seguía apenas unos metros atrás.

Subió al sexto y último piso, sacó su cámara e hizo una foto improvisada del anochecer por la ventana del pasillo.

Rain contemplaba la ventana de su habitación e imginaba tardes, noches y mañanas allí. Pero al fin y al cabo,eran solo imaginaciones.

Se metió en el portal de enfrente y subió hasta la azotea, que quedaba algo más baja que la ventana de ella. Sentado y mientras exhalaba vaho a intervalos irregulares, empezó a tararear una canción a la vez que recordaba la primera vez que la vió.

Le "conoció" unos meses atrás, seis aproximadamente. Rain celebraba el aniversario de su hermana con su familia en una Sala de Fiestas, dónde la casualidad hizo que ella actuara. Supo su nombre gracias a un folleto que iba adjuntado al menú.

Aquella noche no pasó nada especial, no se chocaron, ni ella le miró de ninguna forma especial, ella no estaba en el centro del escenario ... Sin más, se quedó mirando largo tiempo a aquella chica que bailba en una esquina. Nunca se preguntó mucho el porqué, simplemente había encontrado algo en ella el que le gustaba, aunque no conseguía aclarar qué.

Así, fue adquiriendo el hábito de ir a verla cuando podía.

Algunas veces, Leo bailaba de forma triste, otra parecía eufórica y en ocasiones parecía que el mundo la había aplastado y la costaba moverse. De esta forma, él aprendió de ella por el simple hecho de verla bailar.

Llegó el verano de nuevo y una tarde de Junio, Rain se decidió.

Ella salió de la academia empapada en sudor y asfixiada por el calor. A pesar de que estaba cansada notó enseguida que la seguían unos pasos por detrás. Pero, pensando que eran imaginaciones suyas, siguió su camino sin mirar atrás. Solo unos minutos después alguien le dió un par de toquecitos en el hombro.
Ella se giró, preparada para responer que no vivía en el barrio y, por lo tanto, no sabía como ir a nosedónde.
-Disculpa ... ¿ Te puedo invitar a algo?
Ella se quedó sin aire. ¿Quién era aquel chico de ojos tan bonitos? No recordaba haberle que les hubieran presentado nunca.
- Perdona,¿Te conozco?
-No. Bueno.. pero yo a ti sí un poco... O no...
"Mierda. Mierda. Mierda. Cerebro reacciona." pensaba Rain mientras buscaba qué contestar.
-Si aceptas mi invitación quizás te lo cuente. - acabó por decir, con una sonrisa que intentó pareciera seductora.
Ella no supo qué contestar. Por supuesto, su primera reacción fue un rotundo no. Pero con aquello de que la conocía un poco y cómo no tenía que hacer, superó su timidez y finalmente accedió con una condición, nada de cosas calientes. Él propuso un helado, y ella aceptó encantada. Aquel chico, sin duda, sabía como ganársela.
Rain iba a tientas, no sabía muy bien qué hacer ni qué decir. Al final se limitó a ser como simplemente era.

Se sentaron en una terracita de una calle muy transitada. Allí los helados estaban buenísimos y Rain quería impresionarla. Por el momento, aquella primera "cita" iba bien.
Ella pidió su acostumbrado Helado de frutas del bosque. Y él pidió otro más, a pesar de no haberlo probado nunca.
Un rato mas tarde ya hablaban fluidamente. Los dos, aunque tuvieran un caracter tímido y no muy abierto, consiguieron sentirse cómodos. Pasearon por rincones de una ciudad antigua, entraron en diversós cafés a tomarse algún granizado. Pero no se fijaban po dónde iban, solo seguían andando, donde les llevaran los pasos. Acabaron perdidos, pero no le dieron ninguna importancia.
Rain consiguió reprimir las ganas de cojerla de la mano o abrazarla por la espalda.
"Todavía es pronto"- se convenció a sí mismo y decidió dejar que sus manos juguetearan con un hilo mal cosido del bolsillo de su chaqueta.

Islasoñadora.

7 de enero de 2010

Ella notaba que la situación se le escapaba de las manos.
No controlaba las sonrisas, ni las lágrimas, ni las ganas de saltar.
No podía parar su corazón cuando latía dando tumbos, ni dejar de
ponerse nerviosa.
Y todo lo había ocasionado él.
Maldito él.
Había hechado su autocontrol por los suelos.
Al principio ella había creido que solo sería uno más,
que no la llenaría ni saciaría sus ganas de TODO.
Pero lo había conseguido, había superado y rebasado las espectativas.
Se volvió a convencer: él no me importa.
Pero en seguida se preguntaba
¿de que tienes miedo?
Y volvía a contestarse con aires de superioridad:
Yo merezco algo más, no es suficiente para mí.
Pero él siguió sorprendiéndola.
Día a día.
Cosas nuevas, ininmaginables.
Consiguió que ella deseara comerle a besos sin sentirse obligada.
Y ella mandó a la mierda su autocontrol, su miedo, su frialdad.
Islaquenosabequéhacer.