27 de agosto de 2010

Explotar globos llenos de pintura.
De entre todas las cosas del mundo, aquella era la que más le gustaba hacer a Helena.
Y Teo lo sabía perfectamente.
Así que, ¿qué mejor regalo de cumpleaños que toda una habitación con globos de pintura?
Una habitacion blanca, completamente, para pintar a sus anchas.
Para dar color un poco a los ánimos de Helena, que andaban en cachitos desde que su hermano murió.
Había decidido también invitar a Ginevra porque desde aquel accidente provocado, se habían hecho inseparables.
La hermana de Pablo, y su amante, olvidándose un día del dolor. Sonaba bien.
Y cuando aquellas dos chicas tristes entraron en la habitacion y se dieron cuenta
de lo que Teo estaba haciendo por ellas, le comieron a besos y le mataron a cosquillas.
Y luego, le pintaron entero acorde con la habitación.
Cuando anocheció, borrachas de alegría, atrancaron la puerta con unos trozos de madera para
que la tristeza no pudiera entrar mientras dormían y soñaron durante todo el tiempo que quisieron.
Cuando, bien entrada la mañana, salieron a la calle, ya nada les parecía tan gris. Sus pupilas seguían manchadas de todos los colores del arcoiris. Y ninguno lloró para limpiarlas.


ISLA.lostisland.

23 de agosto de 2010


Canel esperaba oir el crujidos de los escalones bajo los pies de Barry.
Esperaba que fuera pronto, porque el sueño empezaba a ganarla.
¿Hacía cuanto se había ido? ¿Cuatro, tal vez cinco horas?
Y no hubo ni una de las noches de los 25 años que estuvieron juntos
que Barry no hubiera subido a despedirse.
Incluso cuando dejaron de dormir en la misma cama.
Incluso cuando pasó todoloquenolesgustabarecordar.

Barry estaba tranquilo ahora. Había bebido.
Y conducía de vuelta  a casa. LLovía. Mucho.
El parabrisas del todoterreno no paraban de un lado a otro.
Tin, tan, tin, tan.
Y de repente, entre tanta oscuridad, unas letras rosas fluorescentes a lo lejos:
"Club".

Por fín, casi sumida en sueños, Canel oye la puerta abriéndose en el piso de abajo.
Oye la tos ronca de su marido. Escucha como deja sus zapatos en la entrada.
Y luego pasos hasta su habitación de abajo. ¿ No va a subir?
Escucha con más atención. Hay más pasos que los que suenan con un par de piernas.
De repente, todo sus sueño se desvanece y ya no puede cerrar los ojos.
Luego oye una risita estridente. Una risa de mujer.

Isla.

16 de agosto de 2010

L'amour fou.


Hola Pablo,
no se si te acuerdas de mí.
Si no reconoces esta letra,
de la que tanto te reías,
entonces mira la foto, no creo
que te quepa ninguna duda de quién soy.

Ahora que lo pienso,
no sé ni porqué te escribo,
seguramente esto acabe en lo más
hondo de la papelera,
contándote recuerdos escondidos
en el fondo del corazón.

Hazme un favor, solo uno más.
Lee esta carta hasta el final.
Ahora mira la foto otra vez.
Tu miras a la cámara, con el ceño fruncido
mientras que yo, con la cara radiante,
te estampo un beso en la mejilla.
Vale, es bonita, es infantil.
Ahora mira mi mano izquierda.
¿Qué ves?
Una cajita, ¿verdad? Abierta.
No se si lo recuerdas pero era verde esmeralda.
Como el mar, mi color preferido.

Te reías de nuevo de mí,
cuando te decía que mi abuela
me la había dado para guardar sensaciones.
La verdad es que, aunque en la foto
salgas con morritos, enfurruñado,
eras la persona más feliz del mundo.
Tu sonrisa era dificl borrarla.
Por eso caías bien a todo el mundo.

Pues, el otro día encontré la cajita verde.
Sí, mis ojos: vidriosos.
Mi cerebro: shock.
La rocé un poco con la mano y la cogí,
estaba llena de polvo.
Lo quité muuuy despacio. Y volví a contemplar
los grabados que de pequeña me hacían soñar
con bestias en selvas e historias de amor en balcones.
Cerré los ojos y me acordé del instante de la foto.
Más tarde encontraría nuestras caritas pequeñas en papel,
y decidiría escribirte, para ver que tal te va todo despues de tanto tiempo.

La dejé en la mesita del salón, para jugar con aquel recuerdo más tarde.
Pasó el día entero y por la noche, me puse a cocinar.
De repente, una sensacion vieja me dió de lleno en el espinazo.
La habitación estaba llena de voces de niños.
Y entre tanto barullo mi voz te pedía una foto,
tu no querías, pero al final, aceptaste.

Corrí, al salón.
Y cuando llegué comprendí perfectamente que había pasado,
aunque no sabía si creermelo, o empezar a pensar en mi locura.
Mi hija pequeña, de seis años y curiosa, había abierto la caja.
-¡Blanca! Ciérrala, hace ruido.
Ella me miró con cara rara.
- Mamá, el único ruido, es el de la sarten, ¡está saltando el aceite!
Volví corriendo a la cocina, apagué el fuego y apoyada en la encimera, pensé.
Fui la única que oía todo aquello. Oía el pasado.

Te mando la cajita. A ver si lo oyes tú.
A ver si recuerdas aquello.
Yo te envió esto porque poco después de todo esto,
una vendedora ambulante se presento en la puerta de mi casa.
Me ofrecía olvido. Barato.
Compré. En un par de horas, cuando me duerma, no me acordaré de nada.
Y quiero que por lo menos lo recuerde alguien.
Y tener algo que me asegure que todo ha pasado.

Sabes que para mí, no acabó. Pero se superar.
No espero contestación si no quieres escribirme, solo que guardes la cajita y
no te olvides de que existí.

Ginevra.







ISLA.

14 de agosto de 2010

Rejas.
-Tienes una visita.
Ellados solo espera que sea o no sea una persona.
Se sienta detrás de un cristal. Espera.
Y aparece a quién quería y no quería ver.
Ellauno miró con ojos vidriosos a Ellados a traves de aquel cristal.
Ellados no soportó su mirada y bajó la cabeza rapada.
No quería verla llorar. No podía verla llorar.
Ellados cogió el teléfono, sin mirarla.
Intentó explicarse. Pero las ideas se mezclaron en su cabeza.
Lo unico que salió fue un sollozo que ahogó a la fuerza,
tapando con la otra mano el teléfono, intentando que así
Ellauno no lo oyera, aunque fuera inevitable que lo viera
a través de aquel maldito cristal que no la dejaba
abrazarla, consolarla ni quererla.
No supo cómo explicarle que todo fue completamente irracional.
Algo hizo "clack" en su interior y se le fue la cabeza.
Le vió con él. Su marido.
Y sentir que tenía que seguir compartiéndola con otro la volvió loca.
Y después venían todas las imágenes de las que no quería acordarse.
Verla a ella marchar. Y seguirle a él.
Darle una patada por la espalda. Y luego un puñetazo tras otro.
Pim, pam, pim, pam. La boca sangrando, y el tabique roto, tambien manchado
de líquido rojo.
Cuando paró hacía ya unos minutos que el corazón de aquel hombre había dejado de bombear.
Ellados lo único que recuerda de despues fue marearse, apoyarse contra una pared e intentar salir
de allí. Luego, oscuridad.
Hospital.
Rejas.
Y a la persona que más quería en el mundo
mirándola con decepción y el alma hecho trizas.


Isladesorientada.
Blu tiene un día azul oscuro.
A Blu le falta la respiración y le sobra agua salada en los ojos.
Por eso es oscuro. Los rayos del sol no llegan a sus pupilas.
Piensa que apenas le quedan cuatro días y no tiene tiempo para nada.
No tiene tiempo para pasar un día con su amiga de lejos.
No tiene tiempo para acabar de enamorar el corazón rebelde de Jota.
No tiene tiempo para hacer las cosas con calma.
No tiene tiempo para verse guapa.
Así que acaba el día del mismo color.
Mira al cielo.
Pero, como todos los años suele hacer, éste no pide deseos bajo la lluvia de estrellas.
Se le ha gastado de esperanza.
Se le han gastado las fuerzas de voluntad, el optimismo y la sonrisa.

7 de agosto de 2010

Sueño de una noche de verano.



Mi casa. Copas en cada armario.
Unas llenas, otras no.
Algún sujetador, otro calconcillo
tirados por ahí.
6 A.M. Fin de la fiesta.
La gente habái dejado de vomitar y ahora
descansaba la resaca en el sofá, en los
dormitorios, en el baño.
Solo Race, mi mejor amiga, seguía encontrándose mal
y se apoyaba en la barandilla de la terraza,
intentándo que la brisa del amanecer le
revolviera el estómago y vomitar las últimas
gotas de aquella mierda que había bebido.
Jota también se había hecho un hueco en el sofá
y se había recostado, cansado.
No le había hecho caso en toda la noche,
no había tenido tiempo.
Iba vestido con una camisa negra impecable
y una corbata roja.
Me acerque a él sin que se diera cuenta,
me apoyé en su espalda y le abracé.
Recorrí con mis manos toda su espalda,
y su pelo. Le había echado de menos.

Él esbozó una ligera sonrisa,
que parecía decir " Por fin me toca a mí."
y me acurrucó en sus brazos.
Me meció y me beso.
Me sentí una niña entre tanto cariño.

Estuvimos así media hora interminablemente feliz.
Luego fui a ver qué tal se encontraba Race.
La distraí de su mareo, contándole con ilusión,
cómo me había y tratado Jota.

Quiso tumbarse y decidí llevarla al sofá,
y así podría estar atenta a los dos: a ella y a Jota.
Se apoyó en mis hombro y la llevé medio arrastrando
hasta el salón.
Nada más entrar, Race les vió y vomitó.
Los dos volvieron la cabeza hacia nosotras.

Yo ya la había fichado, porque había llegado
a la fiesta acompañando a Jota, pero no quise
imaginar que ...

Ella encima suyo, devoraba cada uno de los lunares
que yo creía míos. Me miró un istante y volvió a devorarle.
Me giré y ayudé a Race también. Pensé que podríamos
echar a alguien de alguna cama y acostarnos,
Race envuelta en vómito, y yo, en lágrimas.
En realidad, lo único que quería era dejar de ver aquello.

Algo después, tumbada con los brazos de Race alrededor,
apagué la luz, intentando sofocar el enfado, la desilusión.
Él llego unos minutos después.
Le oí llamar a todas las habitaciones antes de entrar en la mía
y encender la luz.
Le seguía la chica rubia de ojos azules y mirada felina.
Le miré con la peor mirada que pude.
Asco. Odio. Rencor.
Pero todo se escondió, y solo salió una pequeña lágrima, que
escondí entre las palmas de mis manos.

"No había esperado ni cinco minutos para abalanzarse sobre otra."

Jota se acercó y me acarició el pelo.
Me abrazó. No le aparté.
Mando a la rubia " a tomar por culo".
Yo seguí sin siquiera mirarle.

Aun así yo ya sabía que nunca podría cambiarle.
A él, ni a su maldita costumbre de andar cada noche bajo
una falda diferente. Aunque al amanecer siempre acabara
abrazado a la misma. A la mía.



Because I like the way it hurt.

4 de agosto de 2010

Without you, I live a little more very day.

Without you, I'm seing my life so differently.

Spectacular girl.

Gerard iba andando, despreocupado y ausente, por la Gran Vía.
De repente le llamó la atención un escaparate. Algo amarillo.
Pero al mirar los maniquís descubrió que allí no había ninguna prenda.
Extrañado y al tener tiempo, se sentó en el banco que quedaba en frente.
¿Qué sería aquello que le había llamado la atención y ya no existía?
Apenas tuvo que esperar diez minutos más.
Entonces, salió una chica sudamericana, de estatura media, cuerpo esbelto y
el pelo recogido en una larga coleta, con una simple palabra de honor amarilla
que, a ojos de Gerard, le sentaba perfectamente.
De repente tuvo un deja-vu y sintió que la había visto bajar aquellos dos escalones
mil veces antes, con el mismo movimiento de caderas y la misma expresión pensativa.
Ella se encendió un cigarrillo. Gerard siguió mirando.
Unos segundos después, ella se dió cuenta y preguntó con descaro:
-¿Te quito el aliento?
Dió una calada y a pesar de estar el cigarro recién empezado, lo tiró al suelo
y lo pisó con fuerza. Luego, entró de nuevo al trabajo.
Gerard no se movió. Solo un rato después, sonrió encandilado,
como si hubiera encontrado una solucion o hubiera tenido la mejor de las ideas.

Janine recibió media hora después una nota que le dió una compañera de un hombre que había preguntado, por la chica de la palabra de honor amarilla.


No solo el aliento quitas,
también las ganas de soñar con otra cosa.

Y debajo añadió nueve cifras y su nombre. Gerard.
Ella hizo una mueca, extrañada.



Isla.

Me falta el aire.

Aire. Me falta. Cuando estas lejos, e igualmente cuando estas cerca.
Me quedo sin oxígeno. Sin nada que reavive mis pulmones.
Porque los alveólos se han olvidado de la difusión,
por quedarse mirándote sin descanso.

Tengo un hueco para tí entre las cuerdas de mi guitarra.
Un asiento reservado en un ala de mi sombrero,
para que cuanto te apetezca mires el cielo.
Me sobran los besos que decidí regalarte y siguen en la caja de los disgustos.
Te llamo desde un zapato de vez en cuando,
pero no suenan más que silencios.
Y entre todo esto, se esconde una gota que tiene miedo
de derretirse ante ti, y que adivines sus secretos.


Isla.
Rome esta sintiendo el compás de la máquina que esconde en su pecho.
Siente una sensación nueva. Su corazón latiendo con otro ritmo.
Un ritmo parecido a una melodía tocada con piano.
Piensa en el chico de la heladería.
Pero no el que vende helados. Sino el que toca la melodía que ahora siguen sus latidos.
Piensa también en lo que le dijo su padre antes de que su cabeza dejara de funcionar:
-" Nunca caigas en las redes de ningún chico a la primera, que luego vienen las decepciones."
Así que ella, fiel a su educador, se la vuelve a grabar a fuego en la sangre;
y así calma durante unos minutos su respiración acelerada y sus ganas de reirse de la vida.
Como es su etapa sensible del mes, se acurruca en el sofá y se pregunta qué le apetece hacer.
Pronto empieza a acalorarse y a sudar. Y constata que le apetece un helado.
Ella, cabezota, siempre acaba donde quiere, sin hacer caso a viejos consejos.


Isla.
Leo se despierta pronto.
Últimamente solo piensa en aprovechar los días,
aunque finalmente no cambie mucho su rutina.
Aun así, es una rutina veraniega.
La mejor de las rutinas.

¿Y qué es lo primero que hace nada más levantarse?
Móvil. LLamada. Rain.
Él, como de costumbre, no coge.
Ahora que no pasa nada más que cariño entre ellos,
no está siempre pendiente del teléfono.
Pero a Leo le da igual. Ya le conoce.
En este último mes, ha descubierto más cosas
que en todo lo que estuvieron juntos.
Lo que hace hablar, y no follar.
Así que quedan todos los días, en la misma esquina.
Ella le lleva a su sitio secreto, a un rincón de la ciudad.
Él, la agrada, la cuenta cosas, le hace los días amenos, la hace reir.
Sus amigos se vuelven a preguntar si pasa algo entre ellos.
Pero Leo sabe muy bien quién le gusta a Rain, y aunque
al principio lloró como nunca lo había  hecho, ahora se siente libre.
Sin tener miedo de hacer daño a nadie.
Y se dan la mano, se tumban juntos, se acarician.
Y nos les hace falta nada más.
A veces, ella apoya su cabeza en su pecho y le abraza,
y entonces desearía tener algo de menos peso,
quizás ser algo más flaca, aunque desaparecieran un poco sus curvas
para que él la pudiera coger en brazos, como a una princesa,
y mimarla cuando tiene días negros.
Leo cuando entra en su habitacion, respira y se encuentra su perfume.
Nunca había tenido tanta ropa suya,
y nunca le habian compuesto una cancion tan bonita como con la
que se despidió él.
Sabía que le echaría de menos.
Mucho.
Antes ni se habría imaginado que iban a estar así,
ni por asomo se le habria ocurrido pasar tarde solas con él.
Pero se habían prometido hablar minimo semanalmente
desde allí la tierra de la " Hambuergueselandia".
No tuvieron que pasar más de un par de horas
desde que se despidieron el último día,
con ese abrazo interminable,
para que ella ya quisiera volverle a ver.

No era amor, era sencillamente cariño, que a veces es aún mejor.
Pero ella ya tenía bien pegado su olor al pulmón.


Isla.

Ella no podía dejar de fumar.
Daba una calada, otra.
Y cuando de acababa,
cuando  el color naranja empezaba a quemarse,
cojía otro, y vuelta a la faena.
Pero eso no es lo peor,
sino que todo esto fue causado por amor.


Isla.

3 de agosto de 2010

No intentes atraparme, he aprendido a volar.

Él prefiere bocas dulces y momentáneas,
a las chica de las caderas que se mueven como el aire.

Él lo que busca son momentos puntuales
de los que despues olvidarse.

Quiere que sus rizos se enreden en su espalda,
y  comerla a besos sin precauciones.

Y a ella le da igual,
solo se deja llevar,
como espuma que mueve el mar.

No quieres acostumbrarte
a ningun cuerpo de mujer,
a una habitación concreta,
ni a un solo amanecer.

Busca descubrir cada noche,
un nuevo lunar, una nueva cadera,
y un amanecer al mes,
salir solo a caminar.

Un único amanecer que le hace recordar,
que no sabe nisiquiera por dónde caminar,
a dónde tirar.

Así se deja llevar por cualquier chica al azar,
una que no le ate,
que no le mate las ganas de libertad.

Faldas cortas, piernas largas,
sonrisas fáciles y piernas graciles.



ISLa.
Él es impulsivo. Toma decisiones como un huracán.
Rápidas, concisas, violentas, dolorosas.
Pero por que él es así.
Vive y siente a la misma vez.
Y lo hace rápido, impulsivamente, como si se derritieran los segundos.
Por eso, cada día le duele más la cabeza desde que le dijo "Olvídame".´
Le dolía porque todo su cuerpo la pertenecía,
y en realidad, el que se enamora no es el corazón,
sino el cerebro.
Pero prefirió olvidar.
Aunque no le guste dormir solo,
y menos sin su olor.
Pero él no es de reir si no siente alegría,
ni de dar besos cuando no le quieren,
ni de aparentar que no quiere cuando se muere por sus caricias.
Y era insostenible.
Hablar con ella, pensando cosas que no decías.
Soñar con ella, imaginando cosas que no harías.
Todo.
Así que zanjó el asunto de la mejor manera que supo.
Cortante y con una primera herida
que no sabía si curaría algun día.

Isla.

1 de agosto de 2010

I can fly, but I want his wings.




-Hey baby, you're like a poem.
-I'm just going to be a poem if you're my poet.

Dame una semana.
Solo necesito una para enseñarte todo lo que quiero que veas.
Necesito mostrartelo todo desde mi punto de vista.
Tu, yo, mis sentimientos.
La pobreza, el hambre, la felicidad.
Las esquinas, los rincones, mis sábanas.
Después cuéntame con una mirada,
todo lo diferente que somos,
los problemas que tengo,
sus soluciones, y también cuéntame
cómo quieres besarme. Y dónde.
Y ya decidiremos si volvemos a ser como
un solo cuerpo una semana, un año.
O NUNCA MÁS.




Lo has hecho de nuevo. Te lo advertí.
Ahora, toca esconderse detrás de la indiferencia y no volverme a ver.


Verte y verter.
Verte cantando bajo la ducha y verter un poquito más de azucar en el café.
Desear un día dulce.
Verte haciendo la cama y verter un poquito más de azucar en el yogur.
Desearte un día dulce.
Verte eligiendo la ropa y verter un poquito más de azucar en el zumo.
Recordar nuestra noche dulce.
Verte despedirte y verter en tu boca el mejor de los besos

"Buenos días, tesoro"

ISLA.

Aprendí a ser sin ti.

Grítale al mundo que no eres débil,

ni melancólica,
que tienes líquido en las venas,
y no es azul, sino como el del resto.
Que el principal problema que tienes
es no sabes qué quieres ni cuando ni porqué.
Eres joven y lo sabes,
tus caderas pueden moverse al son de cualquier compás.
Que te enamoras por equivocación,
por accidente,
y es como si todos los ferraris del mundo
se estrellaran a la vez en tu cabeza.
 
 
Romperé tu corazón en pedazos,
me quedaré con ellos y los iré pegando.
Te daré cariño,
y cuando tú me hagas daño a mí,
los volveré a romper.
Me suplicarás que te perdone,
dejarás de amarme.
Pero en el fondo,
solo tendré yo tu corazón,
seré la unica a la que pudiste entregarlo.
 
Y los corazones no se compran en los chinos.
 
 
Amour.
 
¿Cómo quieres que crea en ello,
si siempre acabamos peleados?
 
 
 
Policía, se me escapa la poesía.
 
 
 
 
isla.

Everything was wrong.

Fue prohibirme,
no vivir,
por él.
Fueron puertas que no abrí,
mientras que él escapaba por la ventana.
Es seguir pensando,
y que él tenga amnesia de mí.
Son quizás abrazos,
pero sin significado alguno.
Fueron miradas mal interpretadas.
Y sobretodo, canciones
que no se referían mí,
solo a ella.


Todo confundido.
Y ahora, ¿cómo se deberia actuar?


Isla.