28 de febrero de 2010

Necesito salir.
Tantas letras en un día no pueden ser buenas.
Dejo el bolígrafo bruscamente encima de la mesa y corro al armario.
Braguitas con estampado de besos.
Sujetador a rayas.
Unos calcetines cualquiera.
Pantalones anchos, cómodos.
SU camiseta, con SU olor bien impregnado.
Una chaqueta llena de colores.
Cepillada rápida del pelo.
Mal recogido en una suelta coleta.
Bolso grande.
Movil.
Libro.
Bolígrafo y papel.
Cámara, inprescindible.
Mp3 también.
Cascos. Rotos. Mierda. Cojo unos grandes con prisa.
¿Me falta algo?
LLaves.

¡Adios mamá!
Puerta.
Ascensor.
Me miro brevemente en el espejo y constato que hay días que verdaderamente me gusta no ir conjuntada.
Solo con pequeñas prendas que significan algo para mi.
Bajo las escaleras de dos en dos.
Por fin en la calle.
El sol se esta escondiendo, me tengo que dar prisa.
¿Parque o rincón?
Rincón.
Ando deprisa, se me atropellan los pasos.
Más, más mas.
Mi chaqueta de colores abierta se llena de aire.
Cómo me gusta que me de el viento en la cara.
Más y mas rápido. Tuerzo calles, sé dónde voy.
Venga, ya casi estamos.
Cruzo un paso de cebra. Otro.
No pienso. Hoy me dan igual los coches.
Quiero pintarlo todo de colores, quiero estrenar sonrisas.
Ya casi llego.
Pero ... ¡espera!
Que vistas tan bonitas. Merece una foto ¿no?
Busco mi rincón de hierba, cerca del puente.
Mierda, cogido.
Niñatas.
Un poco mas allá, unas escaleras.
Esta es la mía.
Por fin sentada.
Esta es mi temperatura ideal, una chaquetita y algo de viento que me despeine.
¡Ah! ¡CUCARACHAS!
Salgo corriendo, salvando a mi cámara y sosteniéndola cerca mío.
Me siento unos escalones más allá.
Saco el bolígrafo y el folio y me apoyo encima del libro.
Dos minutos mas tarde: tinta acabada.
¿Nunca me acordaré de coger bolis de repuesto?
Pongo la música melancólica a todo volumen.
Mis oidos no protestan, se evaden del mundo exterior.
El cielo y las luces empiezan a inundarlo todo.
Cámara.
Fotos aquí. Fotos allá.
Prueba. Consigue. Estropea.
Veo unos skaters en frente, pero no les miro.
Pienso en él. En su olor.
En las frases de esta maldita cancion que me recuerdan a él.
Pienso que escribiré.
Decido no pensar.
Me despejo, hago mas fotos.
Anochece.
La luna llena aparece y me indica que tengo que irme.
No me importa.
Escondo los grandes cascos tras el pelo.
Me levanto, guardo las cosas.
Me voy.

Vuelvo.
Se me olvidaba.
Cojo la piedrecita que ha estado a mi lado todo el rato.
Me ha acompañado sin pretenderlo.
Piedrecita de la suerte.
Y la toqueteo todo el trayecto de vuelta a casa.
Una ráfaga de aire me vuelve a traer SU olor.
Deambulo más tranquila hasta mi portal.
Allí sonrío mientras busco las llaves en el bolso grande, mi perdición.


Isla.

27 de febrero de 2010




Romanticismo vomitivo.

Hoy todo me huele a ti
a destellos en la noche, a frenesí.
A sábanas mojadas y besos calientes
a roces y caricias  que teníamos pendientes.

Si me dejas, morderé cada uno de tus botones
los iré desabrochando mientras tu me bajas los pantalones.
Vamos a demostrarle al mundo que esto es mas que placer
entre todo este silencio volveremos a enloquecer.

Provócame, y descubre cada uno de mi rincones
deja que las ganas de más te salgan a borbotones.
Improvisa cada momento,
ya sabes que tuyo, me gusta cada movimiento.

Mírame, que sabes que mi cuerpo se estremece.
Tócame, todo dejará de ser lo que parece.
Quiéreme, y sigue haciéndolo así, no importa si amanece. 


Isla.

23 de febrero de 2010



Hoy lo decidí.
Voy a borrar del todo los corazones pintados con bolígrafo sobre mesas, cuadernos y paredes.
Voy a eliminar cada una de las inciales que haya dentro a base de rayarlas.
Quiero olvidarme de cada resto de tu olor, de cada sonrisa, "te quiero", caricia, mirada y ganas de más.
Me pudriré los viernes que haga falta evitando mirarte y exterminaré estos malditos celos que me comen por dentro cada vez que ellas se te acercan.
Voy a improvisar sonrisas, mintras fingo que son solo lágrimas de alegría.
Me convenceré  mientras te rozo, de que no son nada mas que abrazos. Detrás, no hay ni una mota de amor. Ni nada que se le pueda parecer.
¿Que porqué?
Porque estoy harta del dolor. De la lágrimas a cualquier hora.
Porque no puedo más con el remordimiento, y prefiero matarlo que superarlo
Este cariño es asquerosamente absurdo. Y los gestos que espero de tí también.



Isla.

22 de febrero de 2010


Leo caminaba lentamente, sorteando los charcos pero sin ninguna prisa ni preocupación por mojarse.
Su movil escupe ritmos, sonidos y palabras que riman y concuerdan. RAP, así lo llaman. Erre - a - pe.
Rythm and poems.
Se preguntó, no sin algo de ironía, si aquellos "Violadores del verso" serían recordados como el Góngora o Garcilaso de la época.  Escondió una carcajada súbdita trás algunos mechones que le colgaban, chorreantes.
Cambió de canción. Notas melodiosas y tranquilas al piano. Romántica.

Rain. Rain. Rain. Rain.

Sus blancos dientes desaparecieron al escaparse su sonrisa por el desagüe de los recuerdos.
Y se puso furiosa, contra ella misma. ¿No sabía no recordarle ni un solo día? ¿Era algo tan imposible?
Ella, Leo. Ni más, ni menos. Nunca había dependido de un chico, y no quería que aquello se rompiera
por un tonto enamoramiento adolescente. La pregunta era: ¿ Sería aquello un tonto enamoramiento adolescente? Aunque se lo negara a sí misma, lo dudaba constantemente.
Habían llegado a marcarla tan hondo aquellos besos, suspiros sin ritmo, caricias insospechadas antes ...
Y luego..
Argh, Leo prefería no pensar en ello. Aquella rotura tan fácil, simple, y de nuevo tonta.
Una simple racha rara, o necesidad de espacio. Agobio. ¿Qué narices sabía ella?
Pero ahora, ¿ porqué se lo pensaba tanto?
Cada día odiaba más aquel viejo, asqueroso y sincero dicho: " No te das cuenta de lo que tienes hasta que lo pierdes"
Já, ella nunca lo hubiera expresado mejor. ¿ Que maldito chino zen lo habría puesto en palabras para recordárselo constantemente?
Pero ahora eso era lo de menos; Rain seguramente la habría olvidado, y ella ya no podía hacer nada para  recuperarle. Con él, habia perdido la verguenza, la mayor parte de la timidez, había perdido el miedo. Todo lo había perdido y a la vez, todo lo había ganado.
Él hasta había dejado de trabajar en la cafetería. Después de aquella conversación, normal.
Pero eso era otra historia, y Leo no quería pensar más.
Y menos cuando Marcos, ahora con nueva novia a la que prestar toda la atención (argumentó ella, no sin contatar que estaba algo celosa) no podía escucharla, ni aconsejarla, ni tan siquiera darle un abrazo. ¿Tantos asquerosos kilómetros hay que recorrer para un viaje de novios?

Así que Leo, ya sin pensar, se dedicó a pisar charcos, a mojarse y dejar que el pelo enmarañado y cada vez más rizado le resbalase por la cara, hasta la escuela de baile. Y una vez allí, primero se acomplejaría ante los cuerpos atléticos de sus compañeras; y luego, al empezara a entrenar, se olvidaría de todo y de todos. Su único remedio.


Isla.

18 de febrero de 2010

Vistas desde una habitación de Madrid.
Gotas de lluvia que calman amaneceres en ventanas sucias y olvidadas.
Y aquellas hojas, que te dan los buenos días cada mañana, y una buena
dosis de ánimo para empezar el día.

Sabes que hoy no es un día cualquiera.
Ni un mes. Ni siquiera una semana.

Hoy es el día.
Aunque yo hasta ahora mismo no lo sabía.
Y lo acabo de adivinar.
He descubierto que desde hoy
no voy a poder olvidar tu olor
ni el color de tus labios de cerca
ni el sentir tu mirada que me acaricia
todo se ha quedado grabado en mí.
Y tú, tu lo has hecho porque te ha dado la gana.
Como si yo fuera una mas con quien derrochar algo
más de saliva.




¿Sabes? ¿Sabes? ¿Sabes? ¿Sabes?
Quizás no debería decirte esto. A lo mejor estoy  un poco estresada.
Pero es que ... es que ... esque ...
Has cambiado.
Sí.
Ya no lo dudas tú ni lo dudo yo.
Lo sabemos. Y aun así, nos jode.
¿Porque me jode?
Créeme, intenté preguntarselo a este corazon que no para de bombear preguntas.
Pero no quiso responderme. Solo me dió varias opciones.
No quiero contártelas. Porque sé cuál vas a elegir.
Exacto. Que te quiero.
Y no.
Ni lo hice, ni lo he hecho, ni lo estoy haciendo, ni lo haré.
¿Entendido?
Y en cuanto a esto,
solo son hormonas que me afectan por las noches.
Mañana, no te preocupes, todo será igual.
Dos adolescentes.
Bobos, sí.
Pero eso, eso ya da igual, los dos sabemos que es otra historia.




Islarayada¿senota?

16 de febrero de 2010


Él mordió la piruleta, destrozándola y dejándola en muchos pedacitos pequeños dentro de su boca.


"Vaya-pensó con trise sarcasmo-, detrozada en cachitos, una piruleta de corazón , como el mío mismo"

Se alejó en silencio de aquel banco, sin despedirse de ella, que miraba triste al suelo y seguía disculpándose aunque él ya no quisiera escuchar sus palabras.

En cuanto dobló la esquina le entraron unas ganas tremendas de desahogarse y pegó una patada sin pensárselo a una tubería cercana. Aquel día, esa tubería sería lo mejor que podía tener con que desahogarse.

Él siempre se descargaba pegando a algún objeto inerte, pero con las personas no podía haber mejor persona.

Solo paró de pegar patadas cuando alguien le abrazó por la espalda, tranquilizándole con cariño.

Se miró los nudillos ensangrentados y se enjuagó las lágrimas, dejado un pequeño rastro de sangre cerca de su ojo izquierdo.

Coral, aquella chica bajita y menuda que le apretaba con fuerza por la espalda, le susurró que se tranquilizara y le propuso charlar un rato en algun café cercano. Él, ya sin fuerzas para nada, no supo oponerse.

Coral, conocedora de aquel dolor por haberlo experimentado en varias ocasiones, trató de hacerle la tarde algo más amena.

Le llevó a una cafetería cercana, chiquitina y acogedora. “ El bar francés” lo llamaban y sin duda tenía mucho del estilo bohemio de algunos barrios de París. Entraron y se sentaron en dos sillones muy acogedores, en una esquina. Sonaba una música relajada de fondo.

Ella le dejó pensar un rato en sus cosas. Luego, empezó a hablarme suavemente:

-¿Estás mejor?

- …

-Venga hombre, anímate, o por lo menos, desahógate un poco. ¿Sabes lo malo que es guardarse todo?

- …

- Hay que gritar, contarlo, sacarlo …

- ¿Aquí se puede gritar? - preguntó él de forma ausente, fijando la vista en el suelo.



Coral, sin desesperarse, pagó los cafés y le cogió del brazo con cuidado. Le condujo como a una persona inválida por las calles, sin hablarle, pero tampoco fue un silencio incómodo.

Finalmente llegaron a un descampado, estaban a fueras de la ciudad. Era ya de noche y apenas unas pocas farolas iluminaban aquel sitio. Un sofá desvalijado y un montón de malas hierbas que ocupan cada centímetro del espacio era lo único que había allí.



Ella se desenganchó de su brazo suavemente y le dio un empujoncito.



- Venga, Jean, aquí puedes … te espero en el sofá, tomate tu tiempo ¿eh? Por mi no te preocupes, vengo aquí siempre que estoy mal. Ya verás como después de un rato te encuentras mejor. Este lugar … es mágico.



Coral dio unos pasos de espaldas y luego se giró, dirigiéndose al viejo sofá.

Unos minutos después, oyó unos gritos ahogados, pero no se acercó. Tampoco cuando Jean se deshizo de la mochila y cayó de rodillas con la cabeza entre las manos.



Algo después de que las estrellas se hubieran empezado a lucir, Jean volvió al sofá.

Coral se había quedado dormida con un cigarro encendido en la mano. Él se dispuso a quitárselo pero entonces ella se despertó y esbozando una sonrisa le espetó.

-Eh tú, no me quites el mío ¿sabes que existe algo llamado “pedir las cosas”?

Jean, la miró perplejo mientras ella sacaba otro cigarro y se lo ofrecía.

- Coral … muchas gracias por traerme aquí. Siento haberte hecho perder la tarde …

-Tranquilo, no me has hecho perder nada … Sé como te sientes y supuse que te apetecería desahogarte un rato solo, y me vas a decir que este sitio no es genial para eso …



Él asintió en silencio y se acomodó a su lado.

- ¿ Tienes pensado contarme que te pasa?- preguntó ella, con un tono

- Coral, lo has visto … es ella.

- Cuéntame, ¿sabes? Reconforta más contárselo a una persona.

- Prométeme que no vas a decir nada.

- Jean, ya sabes que no. Soy una maldita tumba.



Él se lo pensó un segundo más, pero acabó desistiendo y empezó a contarle y describirle cada uno de sus sentimientos:



- Coral, si supieras como estoy por dentro … ¿ Alguna vez te han dejado así?



Obviamente era una pregunta retórica, Coral no respondió.



- Te prometo que no sé que narices ha salido mal. Lo he pensado y buscado, rebuscado. No sé que puedo haber hecho mal. He puesto todo de mi parte. Todo. Cada minuto de estos meses, si ella lo necesitaba, siempre siempre estaba ahí. Hace dos días estuvimos juntos solos, ¿tienes idea de hace cuánto no pasaba un rato tan genial? Fue … perfecto. Y dios, no sabes como es estar con ella, sabe querer, acariciar, demostrar, abrazar … y eso no todo el mundo lo hace bien. Y ahora … e-ella -se le entrecortó la voz y sus lágrimas saladas se depositaron en su lengua, mezclándose con la amarga saliva - dice que no puede más.



“ Que no puede seguir con esto más …”








Alcohol para curar heridas y saciar la sed.

14 de febrero de 2010

Perdona, si digo, que quiero seguir siendo lo de ayer. Dos niños pequeños, que entregaban su cariño, sin saber porqué.

Ginevra abrió la puerta de su casa con esfuerzo y se dirigió al salón, tirándose inmediatamente sobre el sofá y dejando el grande bolso de cuero negro tirado en el suelo.
Acomodó algunos cojines y se apolló, cogiendo un libro y abriéndolo por una hoja marcada por un doblez.
Pero, no llegó a leer tres hojas cuando por sus mejillas empezaron a resbalar gruesos lagrimones que maldecían las novelas románticas.
Siempre la hacían llorar. Pero eso no era lo peor, aquello era hasta bonito. Lo peor y más duro era que despertaba y sacudía todos sus recuerdos. Y claro, estos volvían a mezclarse y a arañar sus sueños.
Entonces, para colmo y como por casualidad, una foto se cayó de entre las páginas del final del libro.
Ella la recogió sin esperarse que aquello iría a empeorar todo.
Era él. ÉL.
Volvió a sentarse intentando controlar las ráfagas de cariño y momentos que se empezaban a acumular en su cabeza cansada. Pero, puestos a recordar, cogió el viejo álbum de fotos y reviviendo sentimientos que nunca estuvieron muertos pasó la noche en vela.

Quién la viera allí sentada no entendería nada. Solo contemplaba y pasaba hojas llenas de fotos de niños de unos 6 o 7 años. Luego, estos iban creciendo y se les reconocía perfectamente.
Pero entre todos aquellos niños, había dos que ella no dejaba de mirar. Y quién la mirara a los ojos y entendiera un poco de sentimientos, habría visto en sus pupilas todo el dolor que en ella ocasionaban.
Eran un chico y una chica. Él moreno, muy guapo y siempre riéndose, no paraba de fastidiarla o de abrazarla. Ella, también muy morena y con unos grandes ojos, se reía en todas las situaciones y entre abrazo y abrazo, le estampaba algún beso tímido.
Y quién diría que esto no quedaría allí, en viejas fotos, otra época y abrazos sin saber porqué.
Ginevra empezó a recordar.
Le conoció en la escuela muchos años atrás, pero en realidad habían empezado a llevarse tan bien porque sus padres era muy amigos. Y lo típico. Mucho cariño desde pequeños, y todo el pueblo cotilleaba ya sobre la nueva parejita de pequeñajos.
Siempre estaban juntos, y aquellas miradas y deseos hacían pensar a más de uno que no tenían tan poca edad, que su cerebro iba ya mucho más alla.
Algunos años después ella se mudó repentinamente. No le dió tiempo a avisar a nadie. Un día, su madre la llevó en coche a otra ciudad y por el camino le contó que no iban a volver a aquella casa, que ahora le enseñaría una nueva. Ella lloró y pataleó, se quejó, gritó. Pero de nada sirvió, estaban ya demasiado lejos.
Y ella, con tan poca edad no pudo hacer nada más. No pudo o las circunstancias no quisieron.

Él se enteró algunos días despues, pues estaban de vacaciones, cuando su madre lo dijo en la cena, como un tema cualquiera. Él estuvo ausente durante algún tiempo, pero luego, lo dejó como un tema doloroso e intocable en un rincón de la memoria.
Esto quedó inmovil en sus memorias hasta hacía unos años. No es que no se recordaran, pero se lo tomaron ambos com un amor infantil, y cerraban su corazón cada vez que pensaban en aquello.

Todo volvió unos años atrás. Sus padres quedaron para comer en familia, como en los viejos tiempos; pero decidieron que sería una sorpresa. Él llegó con su familia antes y se sentaron en la mesa, pidiendo unas bebida. Ella llegó un rato después, sofocada como su familia pues llegaban tarde. Nada más girarse hacia la mesa sus pies se pararon y quedaron clavados en el suelo. Ella le insistió al cerebro : " Anda, anda" pero no respondía. No quería responder.
Finlmente consiguió esbozar una sonrisa falsa, contener las lágrimas de emoción de sorpresa y saludarles. Él fue el último en recibir los dos besos. Fueron, en opinión del resto, dos besos muy largos.
Ella tuvo tiempo de olerle y rozar su pelo corto, pero sobretodo de volver a perderse durante algunos instantes en su mirada que contenía incontables preguntas. Ella deseó poder gritarle las contestaciones, abrazarle y contarle lo sucedido en aquellos años. Recuperarlos, sobre todo eso. La comida fue animada, pero ni ella ni él hablaron demasiado.
Al cabo de un rato, él pidió permiso para salir un rato fuer del restaurante, con la escusa de encontrarse mal.
Ella le siguió algo mas tarde, con otra escusa barata.
 Salió y solo tuvo que recorrer unos para encontrarse con él.
Apoyaba la cabeza contra la pared. Ginevra le tocó el hombro y él se giro.
- Gin ... - susurró él entre sollozos- ¿dónde has estado todo este tiempo?
Gin. Gin. Gin. Aquel apodo que solo él pronunciaba ya.
Le cogió de la mano, sin poder contener su mirada.
Él levanto su barbilla cariñosamente hasta que sus ojos se cruzaron, esperando una respuesta.
-Pablo, yo ... lo siento ...
Pero no pudo continuar. Porque su cerebro volvió a no querer funcionar y solo permitió dejar a sus lágrimas salir de sus verdes y brillantes ojos.
Él, sin más, la estrechó en un largo abrazo y le dejó apoyarse contra él durante un rato.
Sin embargo, no pudieron quedarse así mucho tiempo más, pues la hermana de él salió a buscarles para avisarles de que tocaba elegir postre.
Ginevra le dió un beso en la mejilla, mientras intentaba rcordar el tacto de su piel, su olor y cada uno de los poros que surcaban su cara. Él la acarició la mejilla y le dió un pequeño beso en la frente.
Luego, volvieron al restaurante, dónde, más relajados, prosguieron conversando todos juntos.

Pero con los años, habían seguido perdiendo el contacto.
Aquel beso en la frente pareció ser el único que quería haberle dado él a partir de entonces.
Quedaron más días para comer todos juntos, pero Pablo fue distante en estas ocasiones.
Se escondía bajo un manto de indiferencia y no hablaba con ella. Solo a través de algunas miradas, que ella no percibía,  siguió grabando en su mente cada uno de los cambios que en ella se iban produciendo. Y soñaba en silencio algunas noches, con poder volver a demostrarla su cariño sin sufrir.

Isla.

13 de febrero de 2010

Dear Janine,

i just wanted to say that i wont be full again,
not full of you.
This is the only thing can have some importance for me.
Because sleep is not the same without your slowly respiration
next to me,
and the sunshine hasn't got the same colours when there is not
your hair to reflect the light.
So, please, if you think you could give me what's mine
with a sweety kiss, a look and a big and white smile ...

With love,

Gerard.






Isladoesn'tknowwhattowrite.

11 de febrero de 2010




Helena se despertó aquel día con ganas de más.
Se enrolló en la sábana y dejó a Teo durmiendo.
Salió de puntilla y sigilosamentede la habitación, pero no antes de haber mirado de nuevo su figura desnuda y esbelta que contrastaba con el rojo de las sábanas.
Despues de calentar en un pequeño y viejo microondas, entreabrió despacito la puerta de cristal que daba a la terraza y se coló, sintiendo de repente como el frío traspasaba la sábana.
Apolló los codos en la barandilla mientras sostenía la taza caliente entre las manos  y la sabana descendió hasta su cintura, dejando a la vista de cintura para arriba.
Aun así, Helena lo dejó pasar  y recordó la noche anterior a la vez que veía al sol aparecer entre nubes rosas. Se le pasó el tiempo recordando el tacto de los labios te Teo al besarla primero en los labios, luego en el cuelo, y bajando. Y cómo sus manos grandes, pero no por ello menos ágiles, sabían justo dónde tocar para hacerla estremecer. Pero lo mejor era que todo aquello iba acompañado de sus risas, de cosquillas y caricias que tenían lo mismo de ternura como de lujuria.
Siguió contemplando las nubes sin notar que el tiempo pasaba. Las nubes y el cielo, siempre su paisaje preferido. Y no, ella no era ninguna cursi. Pero mirar el final de el cielo y no encontrarlo, la perdía.
A pesar de estar distraida, no se sobresalto cuando le sintió a él detras, rodeándola la cadera con las manos, susurrándole al oído y acomodándose en su hombro, apollando su barbilla contra la clavícula de ella, su ya sabido punto débil.