Sentada desde un rincón ella les miraba llevar camisas de colores,
pero estaba convencida de que sus almas eran grises como el hormigón.
10 de febrero de 2012
Y cuando pierdo el control, y todo se me escapa de las manos
me enveneno, y al salir el humo por mi boca, sonrío,
pensando que ya me queda menos en este mundo lúgubre y frío.