El mundo de ÉL, su lugar preferido.
Siempre tenía algo nuevo, diferente, interesante y, de vez en cuando, bonito o gracioso.
Y lo mejor de todo, si ella buscaba bien y se colaba en la zona prohibida, o zona de recuerdos, encontraba las cosas más bonitas que nunca había visto.
Chupetes,sonrisas, caricias, sábanas y al fondo, cerrado bajo una llave que le llevo varios días encontrar, sentimientos.
Sí, él les tenía miedo, y ella lo sabía. Hace algún tiempo, se atrevió a sentir, pero la cosa salió mal, y se prometió a si mismo no volverlos a exteriorizar.
Solo ella sabía como entrar allí, y le había costado horas y horas, tardes y tardes, conversaciones por teléfono, abrazos y cariño. Pero en su opinión, había valido la pena, incluso ahora, le parecía más bien poco.
Eran tantas las cosas que él escondía.
Mientras curioseaba y deshacía maletas de recuerdos, encontró una tarde soleada de Abril.
Era por la época en que él decidió dejar de sentir y se cerró en banda al amor ajeno.
El sol bañaba el pelo y la oscura piel de su acompañante. Brillaba en cada curva de sus rizos y hacía su cuerpo todavía mas apetecible. La chica sonreía, expulsando alegría por cada poro de la piel.
Él a su lado, miraba los suaves rasgos de ella. Caminaban entre edificios pero no les importaba qué ni quién había alrededor. Él rozo su mano en un intento de agarrarla la mano. Escalofrío, sonrisa y aquí no ha pasado nada. Paseron hasta llegar a un parque. Allí, a la chica de los rizos brillantes se le amplió la sonrisa. Sacó su cámara nueva y empezóa hacer fotos con mimo, a cada objeto cercano. Luego, la guardó con cuidado y siguieron conversando.
Nadie si les viera dudaría que eran las personas mas felices del planeta.
Al atardecer se subieron a un árbol, como si fueran dos locos más de la vida, y entre risa y carcajada surgieron los besos y caricias esperados.
Cuando la luna empezo a brillar de forma singular, ella se despidió con un beso más.
Él la siguió cuando se hubo alejado lo suficiente. Le hipnotizaba ver sus caderas, su pelo y su cabeza moviendose al ritmo del compás de una cancion desconocida.
Ella se giró varias veces a mirarle, pero no se acercó. Un rato despues ella hechó a correr entre risas y saltos de alegría, el la siguió sin alterar la cadencia de sus pasos.
Ella aceleró más y más, rió, sintió cada una de lasn otas rápidas de su música por debajo de los pies, no tocaba el suelo. " El amor, que da alas" diría cualquier romanticón.
Pero también dicen a veces que el amor es ciego.
Paso de cebra, semáforo en rojo, coche, grito, desesperación. Él corre hacia su cuerpo inerte. La coje en brazos y grita. Teléfono, ambulancia en breves minutos. ¿Pulso? El pecho moreno de ella no sube, ni baja, no respira. Él intenta resolverlo con respiración artificial, nada consigue. Frustración. Besos, abrazos y lágrimas. Despedida triste, caricias y vuelve a abrazar. Y una única frase:
NUNCA TE OLVIDARÉ.
Isla.
Apuf.
ResponderEliminarQue final.
Que trágico ada.
Mira qque te gusta hacermelo pasar mal eh? (:
Aisssss(L) Es genial tía.Como todos, ya sabes ;)