12 de enero de 2011


Ella tenia dieciseis.
El dieciseis y medio.
Ella escondia muchas cosas, y se fumaba un cigarro escondiendo sus pulmones dolidos bajo una chaqueta de cuero.
El no tenia nada que esconder, no tenia padres, ni dinero, solo una moto vieja y un corazon enamorado.
Ella leia, o habia leido en su tiempo, mucho. Todo tipo de historias.
El apenas sabia escribir, y no habia manera de que pusiera acentos, puntos o comas en lo que escribia. Aunque no solia pasar de dos frases y por lo tanto, mucho no lo necesitaba.
Las historias preferidas de ella iban de libertad.
Las de el, de logros.
Eran finales de Junio. Ella se habia escapado del instituto y habia andado con calma hasta la carniceria donde trabajaba el. Habia dado llamados dos veces a la puerta con unos "knock, knocks" sonoros y le habia esperado fuera. Eso de tripas, sangre y olor a muerto no era su paisaje favorito. El salio unos minutos mas tarde aun con el delantal salpicado de sangre.
- Madre mia, quitate eso, por Dios. - le solto ella, con una mueca al pronunciar la palabra Dios. Ni que Dios hubiera estado alguna vez presente en su vida. Decian que era muy caritativo, pero de bueno no tenia una mierda, de eso ella estaba segura.
El lo desato rapidamente y lo lanzo al gran cubo verde de basura de la carniceria. Total, ya no lo necesitaria. Luego la miro como si esperase algo. Ella le dio un escueto y rancio beso en los labios que apenas fue un roce de labios. Pero el sonrio satisfecho.
- ¿Has puesto gasolina?- pregunto ella aplastando la colilla todavia ardiendo contra el suelo.
El asintio y se dirigieron al descampado de detras del aquel intento fallido de centro comercial. ¿Quien va de compras cuando hay vacas que cuidar y otros problemas que resolver?
El arranco a la tercera aquella destartalada motocicleta y la invito a sentarse detras.
Ella controlo una carcajada, que se convirtio en algo tipo media sonrisa. Nunca reia. Si alguien le preguntaba por que, solo decia que tenia los labios agrietados por la sequedad de aquellos parajes, y si alargaba la boca un poco mas de lo justo, sus labios se cortarian.
-Hoy conduzco yo. - aclaro ella.
El la miro como si no supiese a que venia aquello. Pero los dos sabian la razon. Esta vez no podia haber brazos rotos ni rasguños en la mitad de su cuerpo.
El entonces la dejo sitio y se agarro a su cintura cuando ella cogio el manillar. La verdad es que aquello era una mejor idea. Ella no llevaba nada bajo la chaqueta de cuero, decia que no le habia dado tiempo, pero el sabia que era por el calor. Ella no aceptaria nunca tal afirmacion, pero el sabia que aquel calor asfixiante la aturdia. Aunque nunca se separaria de la corta chaqueta de cuero. 
El rozo su costado y ella se estremecio sin quererlo. Le lanzo una mirada desafiante y dura. Cuando el se la devolvio divertido, la muchacha arranco dandole un buen susto al chico. Despues de aquello, se dejaron de bromas. El apoyo la cabeza en el omoplato de ella y durmio. Mientras la brisa que originaba la velocidad de aquella vieja motocicleta mecia los cabellos de ella. Y cuando supo que el estaba ya en otro mundo y no la veria, hizo un amago de sonrisa. Aunque ahora que lo pienso, quizas solo fuera una mueca. Lo que si supe es que por su cabeza pasaba algo asi como "Por fin fuera de este mugriento pueblo."


Y luego, millas de nada. Millas de arena y un sol que parecia no bajar del cenit.

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Cartas en mi buzon rojo.