- No voy a dejar que el tiempo pase mas. - dijo Laura, con voz decidida y levantandose de la silla vieja de madera miro el interior de la estancia donde se hallaba. "Pesa mas la rabia que el cemento" dice una cancion de Shakira, y a Laura esa rabia le sobraba. Estaba en la veintena y ya llevaba un tiempo sintiendose vieja, sin ideas. Creyendo que nunca seria lo que siempre habia querido ser. Y no requeria mucho aquello, simplemento esfuerzo. Y Laura, acababa de dar con la solucion.
Ando con energia hasta la puerta del local que habia sido un intento fracasado de videoclub y se estremecio al sentir el frio de invierno al rozar al aire congelado de la calle. Pero eso no la pararia.
Cogio el movil e hizo dos llamadas, una a Claire, su amiga francesa que leia novelas de revoluciones y rebeliones como si de respirar aire se tratara, y otra al ayuntamiento. A la segunda llamada le respondio una voz boba de 'muchacho-joven-que-no-sabe-muy-bien-que-hacer-en-su-puesto' al que acabo colgando.
- Que le jodan al gobierno, al ayuntamiento y a toda su santa madre que me quiere hacer esperar. De hoy, no pasa. -penso ella, soltando su rabia, su frustracion de no haber hecho nada de lo que soñaba en su vida. Y esto no iba a ser como sus sueños de liberadora de un pais, de voluntaria en cualquier ong que soportara los derechos humanos; esto iba a ser mas personal, un grano de arena que aportar al mundo que grandes hombres como Gandhi y Mandela intentaban construir dia a dia.
Cuando Claire llego corriendo, con las mejillas coloradas de excitacion y la respiracion agitada, Laura salto a sus brazos en un salto.
- ¿ De verdad que me ayudas ? - pregunto con una sonrisa, sabiendo ya la respuesta.
- ¿Peggo que te cgees? - chillo Claire, con una sonrisa que con le cabia en la cara - ¿Que he venido hasta aqui solo por el amor al coggeg? ¡ Ni el metgo he cogido! En essto, estamos gguntas Lauga!
Laura, en un arrebato adolescente, salto de alegria, dejando que su falda larga volara. ¡ Que bien se siente uno cuando hace algo que le gusta ! Y despues, en un par de sillas ,que era lo unico que quedaba en aquel local blanco descolorido y luminoso, le conto todo lo que habia maquinado aquella tarde mientras comian el arroz tres delicias mas delicioso ( y barato ) que habian comido en sus vidas.
Al final de la conversacion, con preguntas, respuestas y dudas, a Claire le brillaban los ojos.
Luego, como niñas que en el fondo eran, volaron hasta su pequeño apartamento y cuando tuvieron todos los botes de pintura que les sobraron de su mudanza a aquel pequeño piso cuando todavia no se conocian, corrieron de nuevo de vuelta a aquel pequeño local. Lo pintaron todo aquella noche, y aunque cuando salieron de alli eran ya las tres y media, detras dejaban paredes rojas y granates y en cada pared una pequeña parte de espacio personal artistico que rellenaron con manos estampadas de diferentes colores y manchas de pintura. Como verdaderas artistas empezando a crear un sueño.
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Cartas en mi buzon rojo.