1 de noviembre de 2011


Sena quería que Don le mirara y pensara sin siquiera darse cuenta,
'ella es mi chica, y es una mujer de verdad'. Quería que Don se volviera
loco por sus caderas y que no pudiera resistir mirar de reojo aquellas piernas
que no solo eran de hueso, aquellas entre las que él estaría algunas horas más tarde.
Pero mientras aquello no ocurriera, y Don siguiera comiéndose con los ojos a 
la chica de la esquina con los labios rojos, la sonrisa grande y huesos marcados,
Sena seguirá preguntándose sinsentidos durante horas delante de un espejo.

1 comentario:

  1. Conozco esa sencacion, ese anhelo. Mirar y morirte de ganas de que te miren. De ser la protagonista de la historia y no una espectadora más. Muuuuaks.

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Cartas en mi buzon rojo.