Me pesan los días, las noches, me pesan los ojos
y las ganas de todo y nada.
Se me caen las sonrisas por los rincones, se me escapan,
y las lágrimas no porque el cuerpo ya lo llevo seco,
moribundo por las aceras.
Si me encuentras tu pues, regálame algo de alma
porque la mía yace en un vertedero que alimenta arpías,
y no quisiera convertirme como ellos, en un desalmado.
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Cartas en mi buzon rojo.