27 de abril de 2013

Nada puede salvarnos.

'Nada puede salvarnos'- concretó ella.
Y el corazón de él se paro por unos segundos, al tener que enfrentarse a la certeza que sabía y no quiso ver.
'Eres fácil de vencer' le recriminó el, mirándole con decepción, como si nunca le hubiera conocido.
Ella bajó la cara, avergonzada, mientras que sus entrañas le pedían a gritos acurrucarse en algún lugar. Esconderse y ver el mundo pasar ante sus ojos.
Ni siquiera se atrevió a murmurar un 'Lo siento' desesperado, sino que se giró y empezó a andar despacio en otra dirección. El cuerpo le pesaba y en cualquier momento le estallaría en pedazos, como si dentro tuviera una bomba de relojería en sus última que la haría añicos.
Tomó una bocanada de aire y siguió andando en línea recta. No paró hasta que sus piernas flaquearon. Entonces cayó al suelo, con un estruendo, y quedó tendida en el suelo, completamente inconsciente por la fatiga.

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Cartas en mi buzon rojo.