¡PUUM!
Una bala cruzaba el aire rápidamente y se adentraba con asombrosa facilidad en el cráneo de la víctima. Otra más impactaría, segundos más tarde, sobreel corazón. Justo en medio de a frente. Traspasando el corazón con un agujero por el que pronto brotaría sangre roja y joven, sin apenas experiencias vividas.Sin duda alguna era un asesinato ejecutado con mucha exctitud, quizá demasiada para una muchacha de 17 años.
Yo solo escuché los dos disparos, pero no me hizo falta ni un segundo para adivinar dónde y a quién iban a parar las balas.
De hecho, yo había encargado el asesinato.Fue una decisión rápida, pero muy pensada, y dolorosa.
Salí apresuradamente del edificio simulando no saber qué ocurría.
Le gente, con miedo, estaba paralizada ante la sangre.
El sonido de una ambulancia sonaba a lo lejos.
Me fijé en el rostro de aquella chica que conocía tan bien y descubrí que ni las balas ni la muerte habían podido arrasar con su belleza. Exactamente igual que su madre, siempre demasiado guapas. Siempre demasiado libres.
Sí, ella era mi hija.
Y yo...
yo fui su padre.
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Cartas en mi buzon rojo.