24 de diciembre de 2009

Y cuando de repente me soltaste:
- Sé que no debo decirte esto, pero ...
Mis manos se entrelazaron y empezaron a jugetear nerviosas,
mis mejillas se volvieron coloradas,
el pulso se me aceleró,
yo temblaba.
- Él te quiere muchísimo.
Y mis manos se quedaron quietas,
el color de mis mejillas se esfumó,
mi pulso volvió a la normalidad
pero no dejé de temblar.
Esta vez de rabia.
Sinceramente, me esperaba algo mejor.
Algo que tuviera que ver contigo y conmigo.
Ya sabes, un " te quiero" hubiera bastado.
Islaquetiembla.

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Cartas en mi buzon rojo.