31 de enero de 2010

-Venga, entra Leo. No hay nadie y ahí afuera te vas a congelar.

Leo, aún dubitativa, subió los últimos escalones y entró en el portal. Se acercó a él lentamente y callada
y esperaron juntos al ascensor.
Él le abrió la puerta y la dejó pasar primero, pulsando luego el numéro 4.
Un ascensor muy estrecho. Chico y chica, más bien desconocidos.
Leo estaba incómoda, pero en el fondo, le encantaba estar allí. Tan cerca de Rain.
Podía olerle y sentir su respiracion sobre su hombro.
Siempre que ella lanzaba alguna mirada furtiva al espejo para ver que hacía él, le pillaba mirándola.
Él se limitaba a sonreir con descaro y seguir posando sus ojos color miel en su hombro desnudo.

Clin. Leo abrió la puerta del ascensor y él metió una pequeña llave en la cerradura de la letra C.
Ella le siguió por el ancho y luminoso pasillo. A pesar de ser un cuarto, el piso tenía mucha luz. Justo como ella se imaginaba su futura casa. El pasillo tenía forma de u y las habitaciones, unas grandes y otras pequeñas, se sucedían al recorrerlo.

Rain le ofreció algo de comer al pasar por la cocina, pero ella negó con la cabeza mientras obseravaba las vistas de la ciudad por el ventanal del salón.

-Esta es mi habitación - dijo él, abriendo una puerta que daba a una habitacion no muy grande pero si acogedora. En una esquina, una cama grande y más bien cuadrada. La ventana abierta y algunos pufs y sillones alrededor de una pequeña mesilla de té. Pero sin duda alguna, lo primero que llamaba la atención al entrar era aquel gran aparato de música apollado en el suelo, que tenía dos grandes altavoces. Al lado, una estantería llena de discos. No le costó adivinar que una de las pasiones de Rain era la música.
"Todo tipo de música" advirtió ella al ojear los discos.

Él mientras, metía el uniforme en una bolsa de deporte.

Ella se sentó en la cama mientras observaba a Rain buscando un disco.
Entonces una trompeta y algo parecido a jazz empezó a sonar a bajo volumen.
Él se sentó junto a Leo en la cama y se apolló en la pared.
Ella siguió sentada en el borde, escuchando simplemente la música.
Rain comenzó a acariciarle la espalda, jugeteando con el pelo suelto que caía por ella.
Leo se giró queriendo sonreirle, pero se encontró con su cara a escasos centímetros
de la suya. Sentía su respiración en la nuca. Leo se giró hacia él lentamente, pero él no dejaba de acariciar su espalda.
Leo, sin ser muy consciente y saber por qué, apoyó la mano en su cuello y le besó dulcemente la frente
Luego la nariz. Y cada uno de los ojos. Suavemente el cuello. Y después de aquel interminable momento le miró a los ojos, juntando nariz con nariz y frente.
Y le tocó el turno a Rain. Ella no pensaba acercase más. Había roto su barrera de timidez durante unos pocos segundos; pero se volvía a reconstruir poco a poco.
Rain, dándose cuenta, pero no por ello actuando con rapidez, bajó hasta su cuello y escondido entre el pelo de ella la besó repetidament en el cuello en el hombro. Luego subió por la barbilla y se encontró, como por casualidad, con los labios pacientes de Leo.
Sin apartar la boca, los rozó con el dedo índice. Lo hizo con mucho cuidado como si se pudieran romper.
Despues besó lenta y suavemente la comisura, el labio de abajo y el labio de arriba. Leo le dejaba hacer, pero entreabrió un poco la boca, cerrando los ojos e intentando jugar con los labios de él.
Rain no pudo evitar sonreir e intentó alargar al máximo aquel momento, y grabarlo bien en su memoria.
No sabía cúantas veces lo recordaría en el futuro.





Isla

1 comentario:

Cartas en mi buzon rojo.