13 de abril de 2010
Ahora, Leo sabe lo que quiere.
O quizás sabe lo que no quiere, pero con eso le basta.
Deja pasar los días sin interés,
no piensa en nada importante,
solo se deja llevar.
Pero no como antes,
que se dejaba llevar por él.
Ahora solo se limita a hacer lo que le apetece.
Comer aunque luego se sienta mal,
reirse, o estar callada y no obligarse a hablar.
Se cuida y se mima, se pone color en las pestañas
y a vece incluso finge sonrisas, pero solo
por no oir las preguntas de los demás.
Piensa en Rain a menudo, y en su relación ahora.
Él sigue yendo a verla bailar, pero cree que ella no lo sabe
porque se esconde al fondo de la sala, donde la oscuridad
no deja ver bien.
Pero a ella no se le escapan esos ojos,
ni esa sonrisa amable que él dirige a la camarera.
No tiene derecho a estar celosa, pero no puede evitarlo
a pesar de que esté convencida de que no le quiere.
Todas las canciones del recuerdan a él.
Y se alegra de que Rain vuelva a lucir sonrisas
aunque no sean como antes.
Leo sigue sintiéndose vacía, y maldice esa sensación.
No tener alguien a quien querer no quiere decir que la vida no signifique nada,
suele pensar a menudo.
Y se acuerda de cuando no conocía a Rain, se sentía feliz y no necesitaba
nada ni nadie más.
Pero luego llegó él, y lo cambió todo: su forma de pensar, de percibir las cosas, de reir,
de hablar, su forma de tratar a la gente ...
Aquel día decide solo bailar en la primera representación.
Luego se ducha y se pone guapa.
Algunos minutosmas tarde, da un par de golpecitos al hombro de Rain, que la busca en el escenario.
Él se gira soprendido. Inesperadamente, gira la cabeza y vuelve lucir su sonria traviesa.
Se levanta y se dan dos besos, dos besos largos y extraños; como si fuera dificil mantener las distancias ahora.
Él la invita a sentarse con él, ella le pide ir cualquier otro sitio.
Rain vuelve a estar serio, su muro del olvido se va derrumbando lentamente mientras respira su perfume
¿Para que necesito pulmones si no puedo respirarte?
Se da cuenta de que todavía no la ha olvidado, Leo sigue siendo su vicio preferido.
Ella, nerviosa, no sabe de que hablar ni a donde llevarle.
Acaban en aquel parque que una vez fue su rincón favorito de Madrid, el refugio de los amantes.
Ella apoya su cabeza contra las piernas de Rain, como si fueran viejos amigos.
Escuchan música y siguen contando estrellas.
- Leo, yo ...
Pero Rain no sigue hablando. Leo tampoco pregunta. Él maldice no econtrar las palabras adecuadas.
Isla.
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