Tengo un hueco para tí entre las cuerdas de mi guitarra.
Un asiento reservado en un ala de mi sombrero,
para que cuanto te apetezca mires el cielo.
Me sobran los besos que decidí regalarte y siguen en la caja de los disgustos.
Te llamo desde un zapato de vez en cuando,
pero no suenan más que silencios.
Y entre todo esto, se esconde una gota que tiene miedo
de derretirse ante ti, y que adivines sus secretos.
Isla.
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Cartas en mi buzon rojo.