4 de agosto de 2010

Rome esta sintiendo el compás de la máquina que esconde en su pecho.
Siente una sensación nueva. Su corazón latiendo con otro ritmo.
Un ritmo parecido a una melodía tocada con piano.
Piensa en el chico de la heladería.
Pero no el que vende helados. Sino el que toca la melodía que ahora siguen sus latidos.
Piensa también en lo que le dijo su padre antes de que su cabeza dejara de funcionar:
-" Nunca caigas en las redes de ningún chico a la primera, que luego vienen las decepciones."
Así que ella, fiel a su educador, se la vuelve a grabar a fuego en la sangre;
y así calma durante unos minutos su respiración acelerada y sus ganas de reirse de la vida.
Como es su etapa sensible del mes, se acurruca en el sofá y se pregunta qué le apetece hacer.
Pronto empieza a acalorarse y a sudar. Y constata que le apetece un helado.
Ella, cabezota, siempre acaba donde quiere, sin hacer caso a viejos consejos.


Isla.

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