2 de agosto de 2011

Day One.

Azul es una chica a la que le encanta el cielo. Por muy normal que eso pueda parecer, no lo es.  Hay mucha gente a la que le encanta el cielo, pero Azul tiene muchas otras cualidades que la hacen un poco especial, un poco diferente y a veces incluso rara. Es una chica veinteañera, de las que todavía se encuentra en la introducción a una vida adulta. Es tan corriente como las otras mujeres de la ciudad en algunos sentidos; cuando se le rompe su collar favorito, se cabrea y una vez cabreada  no muchos se atreven a intentar sacarle una pizca de buen humor. Pero a la misma vez, Azul no es tan normal. Para empezar, nunca le ha gustado ese término. ¿Quién se cree con el derecho de llamarse normal a sí mismo? No hay normalidad en este mundo, demasiados factores e inconvenientes hay en la vida que de una forma u otra hacen que el concepto sea abstracto e inexistente. Eso es lo que Azul piensa, y eso es lo que sus padres le enseñaron desde que era un renacuajo.
Es 23 de Junio y Azul lleva en la cabeza un moño mal hecho rodeado con un pañuelo que compró en la India y cuyos extremos caen a ambos lados de su cuello. Le gusta tomar café todas las mañanas en el Bonjour Café, que esta situado a unas cuadras de su pisito modesto de la calle Pez. Pero, como ya estaba avisado, Azul tiene sus peculiaridades hasta para la composición de su café mañanero. Le echa una cucharadita de azúcar blanco y una y media de cacao a su desnatado con leche. Así que no es un café cualquiera. A veces incluso, cuando tiene un día goloso, le añade un poco de nata montada. Cada vez que se lo pide a David, el muchacho que le lleva sirviendo el desayuno por las mañanas desde hace ya ocho meses, se repite a sí misma que  debería dejar los vicios algún día. Pero en el fondo sabe que es mucho mas difícil de lo que parece. Aunque, ¿quién no sabe eso?
Después de que David se ría de el bigote de gato que se le queda al beber el café con nata, ella le paga los habituales 80 céntimos del café y sale por la puerta intentando darle a la campanilla que cuelga del techo con la puerta para hacer un poco de ruido y empezar con buen ritmo el día. Si hay algo que le gusta mucho del Bonjour Café, es que nunca cambia nada mucho, ni siquiera los precios. Y esa estabilidad, por poca que sea, a Azul le sienta muy bien. Con la crisis de los últimos años, por la que todos los políticos se echan la culpa desesperados, el pincho de patata  ha subido un par de céntimos por la crecida de precios de los huevos y las patatas, pero también la dueña del local, Rosario, ha decidido acompañarlo con un par de rodajas de pan casero, para que no se note mucho la diferencia. Eso es lo máximo que el café a cambiado en bastante tiempo, y lo afirma Jorge Gregorio, alias Cangrejo, que lleva desde que se mudó a la ciudad regentando el bar muy a menudo. El señor Cangrejo tiene este apodo por tener la nariz roja siempre, y porque no importa que hora del día o noche sea, su consumición no varía y el vino tinto probablemente ya haya remplazado a la sangre en sus venas.

1 comentario:

  1. Que personajes tan curiosos!:)

    Mmmm. Novela??
    Dame un toque cuando pueda llamarte al fijo hoy asquerosi!(L)

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Cartas en mi buzon rojo.