4 de septiembre de 2011

Hola, ¿qué tal?
Así es como se empiezan las conversaciones normalmente, por falta de imaginación o por miles de otras razones más. Y así empezará esto que escribo hoy. Un día normal, con nubes pero sin frío y algunos de rayos de sol. Con una noche estrellada pero que no se puede ver desde mi cuarto poco iluminado, por esa capa marrón de mierda que cubre mi ciudad. Caras amistosas y cigarros consumidos junto con cervezas y un paquete de cartas nuevas me rodean la mayoría del tiempo. Y al llegar a casa lo único que sé hacer es pensar en la poca imaginación que tengo, en lo abandonado que dejo todo, y poner música de la que me recuerda a él. No pretendía hacer esto romántico. Ni melancólico. Ni triste. Pero ya que estamos, no me voy a quitar las ganas. Me suenan acordes de guitarras por todas partes, y en cuanto me quedo en las nubes siempre viene a mi cabeza una imagen, un recuerdo por así decirlo. No quiero pensar en ello, y mira que me prometí ser feliz, y siempre he sido una muchacha ligera de sentimientos y a la que no el gusta atarse. Pero esto ya no son cuerdas, son cadenas. Él no las puso, eso es lo peor. Me las he atado yo, fuerte, a todas mis extremidades y a el corazón no hace falta ni sujetarlo porque vaga sin rumbo y sin llegar demasiado lejos. Y cuando él viene, ainss, no sabes que suaves se vuelven estas cadenas, babe.
Aun así, habrá que seguir desgastando las cadenas hasta que pueda romperlas y tocarle en condiciones.

Isla.

2 comentarios:

  1. Unos buenos alicates:) o mis dientes que esos si que pueden con todo.
    Me gusta mucho peque.
    Te quiero!

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  2. La mitad del texto me recuerda a él. Y has echo que algo se me mueva por dentro. Por lado eso es bueno. Porque leer y sentir, pocas veces pasa. Y por otro... uff la angustia me alcanzó. Pero sigue así, me encanta leerte. Muuuuak.

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Cartas en mi buzon rojo.