Y créeme, lo intento. Pero me desbordo tan fácilmente. En cuanto se me van dos cosas de las manos, me pongo histérica en vez de ser una persona madura y responsable e ir arreglándolo todo a poco. Y cada vez más me digo, 'tranquila Isla, todo irá como tiene que ir'. Y le echo las culpas a... ¿como se llama? ¡Ah si! Un tal Destino.
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Cartas en mi buzon rojo.