4 de abril de 2012

Al mirar por la ventana, con la cara empapada,
Jena deseó saltar al tejado de enfrente. Así tal cual, 
con los pies desnudos, el camisón y el jersey del abuelo
que murió en la guerra. Quiso saltar de tejado en tejado y
volar entre cada brinco, posando apenas las puntas de los pies.
Ya nadie podría pararle. Se iba de la ciudad, se iba del mundo,
por el próximo salto era a las nubes del cielo, y más tarde
fuera de la atmósfera. ¿Quién sabe lo que le depararía después?

2 comentarios:

  1. Hay veces que las ganas de comerse el mundo nos hacen brincar, saltar de tejado en tejado y llegar a tocar con la punta de los dedos las nubes y todo lo que hay más allá.

    Un saludo.

    Oski.

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Cartas en mi buzon rojo.