Jena deseó saltar al tejado de enfrente. Así tal cual,
con los pies desnudos, el camisón y el jersey del abuelo
que murió en la guerra. Quiso saltar de tejado en tejado y
volar entre cada brinco, posando apenas las puntas de los pies.
Ya nadie podría pararle. Se iba de la ciudad, se iba del mundo,
por el próximo salto era a las nubes del cielo, y más tarde
fuera de la atmósfera. ¿Quién sabe lo que le depararía después?
Que ansias de libertad.
ResponderEliminarHay veces que las ganas de comerse el mundo nos hacen brincar, saltar de tejado en tejado y llegar a tocar con la punta de los dedos las nubes y todo lo que hay más allá.
ResponderEliminarUn saludo.
Oski.