13 de enero de 2010
Cada vez que se subía a un escenario o volvía ensayar, Leo volvía a sentise impotente.
Tenía la sensación de que cada movimiento, vuelta, salto ... Todo parecía demasiado débil o se pasaba de fuerte. No creía causar sensación alguna en el espectador al dar ua actuación. Algunos días tristes, pensaba que aplaudía por pena. " Que les jodan" - pensaba entonces- " No necesito vuestra pena"
Y cuando veía a as demás chicas bailando como si hubieran nacido para ello, se sentía todavía peor.
Se sentía como una gran masa de gelatina que no sabía controlar sus movimientos, y resbalaba y se caía sin poder evitarlo.Para mas inri, gelatina de limón. Un sabor detestoso, ácido y poc agradable.
Aquellos días si volvía a su casa y veía la esbelta figura de su hermana por el pasillo, corría inmediatamente a su habitación y no salía hasta la mañana siguiente, escusandose con un simple "me encuentro mal", con ánimos renovados.
Leo era así de insegura y lo llevaba siendo desde que ella recordaba. Siempre detrás, siempre en un segundo plano.
Solía pensar y autoaconsejarse que debía aprovechar cada día, olvidado lo malo, ya que puede ser diferente y único, pero a veces, sin ganas de ser optimista, no lo aplicaba y se manena alejada y distante, en su mundo.
Leo, que yo sepa, no tenía muchos vicios. A veces comía mucho chocolate, pero podía estar una buena temporada sin probarlo. En algunas ocasiones salía de casa armada con un cuadernito y un bolígrafo y paseano por la ciudad, escribía ideas, historietas pequeñas, críticas, en general cualquier cosa que se le pasara por la cabeza.
Por las noches, abría su pequeño y viejo portátil y escribía todo lo recopilado en un blog que nadie conocía.
Las noches que no podía escribirlo se sentía incómoda, era como su folio de desahogo y todas las cosas malas o tristes que no podía expresar se volvían contra ella de una u otra forma. Por eso las encerraba allí, en un pequeño y acogedor blog en la inmensidad de toda la red.
Su gran vicio, y ese era conocido por la gente que la conocía, era bailar. Disfrutaba bailando, siempre o había hecho y algunos de los mejores momentos que ella recordaba comenzaban así, bailando.
Los peores días que Leo pasaban sucedían cuando,si ton ni son, le daba por sacarsedefectos y compararse con los demás. Normalmente se reprochaba el no haber tenido nunca novio, ni divertirse de la misma forma que sus amigas ... En cuanto a amigas, tenía algunas, pero ninguna demasiado cercana. Normalmente ella vivía sola, no en su mundo pero sí algo apartada de la vida tan social que la mayoría de la gente de su alrededor llevaba.
Pero lo que Leo no sabía era que en cada actuación, sentado en alguna de las butacas pasaba el tiempo viéndola un chico tímido que se hacía llamar Rain.
Rain era un chico más bién pálido, con el cabello castaño claro y ojos color miel. No destacaba mucho por su físico, si bien, nunca lo había pretendido. Lo único que a Rain le volvía loco era la música. Bueno, y también Leo.
Iba a todas las actuaciones de Leo que podía, todas las que su salario de camarero le permitían.
Pero todo esto ella no lo sabía y Rain no tenía, por el momento, ninguna intención de decírselo; su carácter tímido y algo cerrado se lo impedía.
Así pues, Leo seguía con el corazón triste y escribiendo historietas que siempre había deseado vivir ella.
Claro que tenía algún pretendiente, y de vez en cando recibía un menje cariñoso. Incluso, tiempo atrás, había recibido una carta de amor muy bonita. Sin embargo, raras veces se había atrevido a acudir a alguna cita y esas excepciones siempre habían sido catastróficas, lo que más tarde influenció para declinar y rechazar las siguientes propuestas de salir por parte de otros chicos.
Así que perdía las esperanzas cada ve que veía una parejita por el parque o en cualquier banco, tras lo cual se refugiaba de nuevo en otra clase o ensayo de baile.
Una noche, despues de acabar la actuación, Leo fue a su casa apresurádamente como consecuencia del frío. Solo le apetecía meterse en la cama y taparse hasta la cabeza con el edredón, otro día catatrófico.
Ella iba vestida con un largo jersey de lana y una larga bufanda naranja a juego con un pequeño gorrito que la protegía del frío.
Rain decidió seguirla.
Mientras bajaba las escaleras hacia el andén del metro, unos chicos de su misma edad pasaron a su lado sin reparar en su presencia.
"Ójala se fijara alguien por una vez en una persona no por su físico, sino porque siplemente le gusta algo de esa persona, su forma de andar, su presencia, sus movimientos de cabeza al seguir el ritmo de una canción ..."
Sus deseos de fueron desvaneciendo al salir de nuevo a la calle, congelados por el frío.
Algunos minutos después empujaba la pesada puerta de su portal sin darse cuenta de que durante todo el trayecto un chico la seguía apenas unos metros atrás.
Subió al sexto y último piso, sacó su cámara e hizo una foto improvisada del anochecer por la ventana del pasillo.
Rain contemplaba la ventana de su habitación e imginaba tardes, noches y mañanas allí. Pero al fin y al cabo,eran solo imaginaciones.
Se metió en el portal de enfrente y subió hasta la azotea, que quedaba algo más baja que la ventana de ella. Sentado y mientras exhalaba vaho a intervalos irregulares, empezó a tararear una canción a la vez que recordaba la primera vez que la vió.
Le "conoció" unos meses atrás, seis aproximadamente. Rain celebraba el aniversario de su hermana con su familia en una Sala de Fiestas, dónde la casualidad hizo que ella actuara. Supo su nombre gracias a un folleto que iba adjuntado al menú.
Aquella noche no pasó nada especial, no se chocaron, ni ella le miró de ninguna forma especial, ella no estaba en el centro del escenario ... Sin más, se quedó mirando largo tiempo a aquella chica que bailba en una esquina. Nunca se preguntó mucho el porqué, simplemente había encontrado algo en ella el que le gustaba, aunque no conseguía aclarar qué.
Así, fue adquiriendo el hábito de ir a verla cuando podía.
Algunas veces, Leo bailaba de forma triste, otra parecía eufórica y en ocasiones parecía que el mundo la había aplastado y la costaba moverse. De esta forma, él aprendió de ella por el simple hecho de verla bailar.
Llegó el verano de nuevo y una tarde de Junio, Rain se decidió.
Ella salió de la academia empapada en sudor y asfixiada por el calor. A pesar de que estaba cansada notó enseguida que la seguían unos pasos por detrás. Pero, pensando que eran imaginaciones suyas, siguió su camino sin mirar atrás. Solo unos minutos después alguien le dió un par de toquecitos en el hombro.
Ella se giró, preparada para responer que no vivía en el barrio y, por lo tanto, no sabía como ir a nosedónde.
-Disculpa ... ¿ Te puedo invitar a algo?
Ella se quedó sin aire. ¿Quién era aquel chico de ojos tan bonitos? No recordaba haberle que les hubieran presentado nunca.
- Perdona,¿Te conozco?
-No. Bueno.. pero yo a ti sí un poco... O no...
"Mierda. Mierda. Mierda. Cerebro reacciona." pensaba Rain mientras buscaba qué contestar.
-Si aceptas mi invitación quizás te lo cuente. - acabó por decir, con una sonrisa que intentó pareciera seductora.
Ella no supo qué contestar. Por supuesto, su primera reacción fue un rotundo no. Pero con aquello de que la conocía un poco y cómo no tenía que hacer, superó su timidez y finalmente accedió con una condición, nada de cosas calientes. Él propuso un helado, y ella aceptó encantada. Aquel chico, sin duda, sabía como ganársela.
Rain iba a tientas, no sabía muy bien qué hacer ni qué decir. Al final se limitó a ser como simplemente era.
Se sentaron en una terracita de una calle muy transitada. Allí los helados estaban buenísimos y Rain quería impresionarla. Por el momento, aquella primera "cita" iba bien.
Ella pidió su acostumbrado Helado de frutas del bosque. Y él pidió otro más, a pesar de no haberlo probado nunca.
Un rato mas tarde ya hablaban fluidamente. Los dos, aunque tuvieran un caracter tímido y no muy abierto, consiguieron sentirse cómodos. Pasearon por rincones de una ciudad antigua, entraron en diversós cafés a tomarse algún granizado. Pero no se fijaban po dónde iban, solo seguían andando, donde les llevaran los pasos. Acabaron perdidos, pero no le dieron ninguna importancia.
Rain consiguió reprimir las ganas de cojerla de la mano o abrazarla por la espalda.
"Todavía es pronto"- se convenció a sí mismo y decidió dejar que sus manos juguetearan con un hilo mal cosido del bolsillo de su chaqueta.
Islasoñadora.
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Leo.
ResponderEliminarMe gusta demasiado.
Me recuerda a una chica a la que quiero demasiado.
Es increible.
Cada vez mejor, cada vez mejor... :)