5 de abril de 2010
Corazón de cemento.
Decidió dejar de amar,
de sentir, de añorar.
Se prometió no volver a llorar,
aunque dejar de sonreir tuviera que implicar.
Prometió no recordar,
todo lo que vivía al segundo borrar
y constantemente olvidar.
Quiso volverse automática,
no pensar,
no reaccionar,
ni sensaciones exteriorizar.
Fue debil, eligió no sufrir
y así tambien dejó de reir.
Nada importa más que sobrevivir.
Nada es frío, nada es caliente,
ella eligió y ahora no siente.
No continuó su camino,
dejó que la buscara el destino.
Anda por campos, pero no ve colores,
no siente el tacto de las flores
ni sus olores.
No son solo rumores,
murió sin amores,
sin errores y ahora
solo le quedan horrores.
La suerte existe, pero en otra parte.
Son ganas de todo lo que no me conviene.
Isla.
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Cartas en mi buzon rojo.