Leo se levanto del sofa, desde el cual no habia prestado ninguna atencion a la serie que llevaba en la pantalla media hora. Sin decir una palabra a la familia que le hospedaba, cruzo el salon en silencio y subio las escaleras hacia el atico. Sin pensar mucho, mas como una automata, abrio las cortinas de aquella ventana grande a la cual habia hecho tantas fotos aquella mañana. Luego se tumbo en la cama de al lado y con los audifonos es los oidos, pulso una lista de reproduccion cualquiera en aquel pequeño ipod que le habian regalado algunos meses atras. Le salio algo de country que la chica de su nueva familia le habia metido alli. No cambio de cancion. Estaba quieta, mirando a traves de la ventana toda la cadena de montañas que la rodeaba. Y la nieve. Quizas nunca veria tanta otra vez. Pero su mente no estaba blanca como la nieve que estaba captando sus ojos. Estaba creciendo. Pero no en el sentido de altura. Sino, como le decia muchas veces su padre, y le habia enseñado su madre, de cabeza. De persona.
Y no sabia si estar alegre o no, porque a veces crecia de estar tan sola, y la cabeza le pedia alguien con quien hablar.
Y ahi es cuando Adam aparecio. Nunca habian hablado de verdad, solo era un amigo de el chico con el que ella vivia. No era feo, pero tampoco era guapo. Parecia amable, aun asi. Ojos bonitos desde luego. El subio y se tumbo con ella. Sin ninguna atencion, con audifonos tambien en los oidos. Ella algunos minutos despues le quitaria un casco y empezarian a hablar. De diferencias y de relaciones. No amorosas. Y amorosas. De porque cuando te enamoras pones corazones en cualquier sitio. Si con el corazon no te enamoras. Tendrias que poner cerebros. Pero claro es mas dificil de dibujar. El le dibujo un cerebro, uno bueno y bonito, contodos sus recovecos y ella volvio con su musica. Habia echado tanto de menos hablar, que le habia sentado bien. Pero solo eso, en un par de dias le veria en el instituto y habrian olvidado todo los dos. Las palabras, que como muchos dicen, se las lleva el veinto. Y que viento mas frio hacia alli aquella noche.
No creo que las palabras se las lleve el viento.
ResponderEliminarNo las que están bien dichas.
Y... enamorarte con el cerebro? OMG, deben de habermelo extirpado cuando nací porque creo que nunca he llegado a ser razonable en ese estado.
Te echo tanto de menos.